Enseñanza religiosa (4/7) Nada de derechos adquiridos.


3. “Su interés no surge de un derecho de la Iglesia que quiera exigir...ni de un privilegio...; es un derecho de los padres...”.

Excusa no pedida y ya se sabe, “el que se excusa, se acusa”. Lo de derecho de los padres es discutible: el derecho de los padres también incluiría el que supieran las consecuencias de la manipulación de las mentes de sus hijos; el derecho de los padres incluye que a los niños se les enseñen verdades.

“Si no hubiera enseñanza religiosa no habría libertad”. Está bien relacionar enseñanza con libertad, porque sólo la verdad nos hace libre. Y hay que insistir en que la enseñanza científica sólo es una, enseñar y aprender la verdad sobre las cosas y sobre las conducta.

No hay libertad para enseñar lo que se quiera. ¿Hay libertad para enseñar y aprender el sistema digestivo o el circulatorio? ¿O que el O y el H son los componentes del agua? ¿Libertad para decirle al niño que su norma de conducta, p.e. puede ser haz lo que crees que está bien y no hagas lo que crees que está mal o no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a tí?

“Id y enseñad...”: por sus estudios bíblicos saben que esta frase fue un añadido del siglo II, que posiblemente no la dijera un Jesús más que dudoso. No vengan con monsergas una y otra vez repetidas para fundamentar lo que quieren conseguir, el garbanzo diario.

La guinda: “La fe no es sólo sentimiento, sino también conocimiento que el creyente interioriza con ayuda de su razón y por gracia de Dios”. Tanta petición de principio clama contra la razón. Si la fe es conocimiento, necesitará usar de la razón y ésta dice que tal fe es un camelo sin posible constatación y verificación (léase a K. Popper); si es sentimiento, es algo natural, reflejo, instintivo... ¿lo es?; si es por gracia de Dios, todos deberían tener tal conocimiento inscrito en su naturaleza; y, por otra parte, quien no admita la existencia de un Dios personal, ¿dónde ubicarlo?

4. Dicen: es un derecho de los padres, no un privilegio de la Iglesia.

Tal derecho pide la enseñanza de la verdad sobre las cosas y sobre los hechos. Por eso cualquiera puede decirle al Estado que no consienta se enseñen a los niños fábulas como fundamento de su conducta; que ésta debe nacer de su condición de hombre inmerso en una sociedad.

El Estado ha de velar por la salud física y psicológica de los ciudadanos y así ha de hacérselo ver a los padres.

El conocimiento del psiquismo basta y sobra para dar consistencia a la conducta personal y grupal, sin necesidad de apelar a instancias exteriores, más todavía si son arquetipos mentales, como es la idea de Dios.


5. Libertad y libre elección de Centro.

De acuerdo, el Estado reconoce y deja a los padres libertad para la formación religiosa... ¡pero no en las escuelas y menos con dinero público, cuando el Estado también ha de tener en cuenta opiniones fundadas sobre la perversión inherente a cualquier creencia!

La Iglesia puede libremente erigir sus escuelas, centros catequéticos, etc. para llevar a cabo su proselitismo. Nadie se lo impide. Es libre. El Estado no impone ideologías, primero porque un estado moderno no las tiene: sólo impone el derecho a buscar y encontrar la verdad.

Los padres son libres para que su hijo se eduque, si quiere, sobre fundamentos míticos residuales.

Pero no, la Jerarquía busca una enseñanza en las escuelas, porque a ellas los niños tienen obligación de ir, no pueden negarse, la enseñanza es masiva y las técnicas educativas están en manos de profesionales y no de jóvenes o viejas voluntariosas que se prestan a ser catequistas. La escuela no es la parroquia, porque de querer hacer catequesis ya casi no cuentan con medios para ello.
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