Un recuerdo de Erika Ortiz en San Antonio de los Alemanes.


Hay una Iglesia en Madrid, un tanto desconocida pero no por desmerecimiento suyo sino por quedar a trasmano del tráfico de la ciudad y de asuntos parroquiales, amén de estar situada en un barrio, el de San Antonio, un tanto degradado por la prostitución que por sus alrededores campa y por ir perdiendo su casticismo merced a la inmigración que busca alojamiento en alquileres baratos.


Esta Iglesia forma conjunto con un colegio, una residencia de ancianos y un comedor de caridad muy concurrido, todo ello patrimonio de una Hermandad, la del Refugio o como popularmente se la llama “De la ronda del pan y del huevo”.
La Iglesia data de 1606; la Hermandad del Refugio, por su parte fue fundada en 1615 con fines asistenciales y, sobre todo, para recoger y cobijar a las niñas abandonadas que pululaban por Madrid. Calderón de la Barca perteneció a dicha Hermandad y a ella dedicó una Loa en metáfora de la piadosa Hermandad del Refugio discurriendo por calles y templos de Madrid, donde los personajes de Fe, Esperanza y Caridad dirimen sus excelencias dentro de tal Hermandad.

Hoy cuenta esta Hermandad con miembros destacados de la nobleza española que una vez al mes se reúnen en consejo, amén de otros que son y han sido "algo" dentro de la política y de la sociedad española. En la foto aparece uno de sus miembros rezando fervorosamente que, por conocido, alguien podrá reconocer.
En la cripta reposan los restos de sus fundadores y de un mártir de la Guerra Civil, el Padre Poveda, poco ha canonizado, fundador de las “teresianas” regidoras del colegio anejo.
Sirvan estos datos para incitar a quienes paseen sus ocios madrileños por las calles Pez, Corredera Baja de San Pablo, Luna, Callao, Silva, Ballesta... a que se acerquen a visitarla. Hasta se sorprenderán de los elementos eróticos que ornan sus paredes. Cosa extraña.
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Ya ha pasado un tiempo prudencial desde el trágico día en que Erika "no pudo más".
Estudié en su momento a fondo la depresión, primero por obligación y, de añadido, por haber tenido la triste oportunidad de convivir con alguien que la padecía profundamente.
Por otra parte, y alguna vez quisiera escribir sobre ello, he sentido sus efectos muy de cerca. En mi diario pasar dos o cuatro veces al día durante doce años por el Viaducto de Madrid, primero he visto con demasiada frecuencia la sangre en la C/ Segovia, las mangueras limpiando los adoquines y los servicios funerarios retirando cadáveres, pero además... ¡salvé a dos personas de tirarse por el Viaducto! No sé luego qué fue de ellos, Adela, 53 años, y aquel chico joven que nada más arrancarlo "del otro lado" me lo arrebató la policía...
Es una experiencia que nunca se olvida. Varias veces escribí al Ayuntamiento para que pusieran algo anti-suicidio, como había en otros "suicidaderos" ciudadanos, en las Torres Gemelas, en Berlín o en Copenhague o en tantos sitios...
Así que cuando supe lo de Erika Ortiz, sentí una tristeza infinita y una comprensión íntima por el sufrimiento que le ha acompañado en el tramo final de su vida. Al punto acudí a las fotos de San Antonio... su centro... su presencia, aunque tan efímera...

He aquí, pues, otro motivo que da pie a esta crónica insustancial: la fotografía aneja. Un recuerdo leve, pequeño, fugaz pero preñado de significación de Erika Ortiz, el hermoso centro de flores a los pies de la soberbia talla del Cristo que en esta Iglesia se venera, próxima ya la fiesta de San Antonio de Padua. En la fecha en que tal ofrenda se hizo, Junio 2004, Erika vivía cerca de esta Iglesia, en el barrio de San Antonio. Luego se trasladó a la residencia que su ilustre hermana dejó.