¿Feria de locos?


La religión comenzó por vivir un misterio, luego lo organizó, lo ritualizó, lo explicó y finalmente consiguió que derivara en determinadas celebraciones que han terminado en una feria folklórica, sea la celebración que sea.

• elaboró el programa de fiestas con una doctrina ininteligible para el pueblo pero de gran impacto emotivo;

• acogió prosélitos secuestrando las conciencias;

• proyectó festejos con ritos soporíferos;

• sigue dando pábulo a fuegos de artificio que luego dice que son visiones;

• se sigue apropiando de ciertos juegos de magia psicológica y los llama milagros;

• a determinados personajes excéntricos, a veces histriones de la vida, que cuanto más lejanos en el tiempo son más extravagantes, les saca a pasear llamándoles santos...

Con toda esta parafernalia, se adueñan de la plaza creando un vacío alrededor imposible de sustituir so pena de quedarse el pueblo sin celebración.

¿Puede pensar alguien que esto es un agravio a la religión? Ni mucho menos. Podríamos decir que nada tiene que ver ya con la religión.

Por defender sentimientos que son humanos y genuinos, hemos de reconocer la realidad: la televisión, que, si puede retransmitirlo en directo, convierte en espectáculo la intimidad de la familia y hasta el crimen más abyecto, ha convertido celebraciones "sentidas", que "son vida de la ciudad y de los cofrades" en las que los pecados se hacen expiación para ser perdonados –Semana Santa sevillana o malagueña, flagelados de San Vicente, crucifixiones, "secuestro" de la Virgen del Rocío, etc.-- en espectáculo barato.

Los medios de comunicación que utilizan la visión como vehículo han subvertido también la trascendencia de los signos religiosos. Quizá sea un problema filosófico que nos lleva del concepto de sensación lógico-escolástico a filosofías negadoras de la misma sensación.

A veces el objeto de referencia es el mismo medio, con independencia del significado. La misma virtualidad mistérica puede tener una referencia a la transustanciación como la conversión en mito comunicativo de un personaje intrascendente. Es el vacío y vaciado de los conceptos para asumir como natural el mismo mensaje.

Y cuando el hombre percibe que no hay conceptos tampoco en el mensaje religioso, la asunción mental de la nada se torna hecho natural. Pero, eso sí, se mantiene su emotividad.

Si la Iglesia se ha plegado a ser "espectáculo", algo que les debiera dar vergüenza, los ojos asépticos del cualquier criticón pueden juzgar lo que ven. Con todo el derecho democrático de un país democrático.

No olvidemos que la Iglesia ha consentido que se retransmitan por televisión los ritos dominicales, "que –dicen ellos sin percatarse de la tremenda contradicción-- no valen como cumplimiento".

Y otro tanto se puede decir de lo que nos inunda estos días. Toda la barahúnda de la Semana Santa se ha convertido en espectáculo del espectáculo: ya “en directo” es espectáculo; no digamos lo que es visto por TV.

Lo canallesco o dramático de tal invento es que muchos sentimientos, muchos proyectos y muchas conciencias dependen de ellos.

Añadamos la guinda que riza el rizo del “deseo del retorno a las fuentes”: en las celebraciones "corpore presente", no piden meros espectadores, piden participación activa y vitalista en el "sarao": rezar, cantar, meditar, responder... Es el grito de los manifestantes del pasado, "No nos mires, únete". Ni por esas. Es la cámara o el teléfono móvil lo que priva.

Lo único que queda de "todo aquello" es un modo grandioso de mover el sentimiento confundiéndolo con la fe. Pero ¿es la fe un sentimiento? ¡Lo hemos preguntado ya tantas veces!

¿Motivo real para tal parafernalia? No existe, existen “las escenas”. Porque convengamos en que las escenas son de lo más emotivo y lacrimógeno. ¿A quién no se le parte el corazón recreando internamente el sufrimiento de la madre del condenado a muerte dirigiéndose al patíbulo?

Pero daría lo mismo ritualizar la vida y pasión de un condenado a muerte en cualquier cárcel china.

Este espectáculo "nacional" ha engordado tanto que se ha escapado de las manos de quien lo creó, la Iglesia. El elefante escapó del circo.

En otros tiempos se alquilaban los mejores sitios para ver en directo la ejecución del condenado. Hoy se alquilan, se revenden y se subastan sillas para la escenificación del hecho primitivo. Curiosa suplantación.

La religión comienza a ser un producto cultural más, espectáculo, lugar de retiro, objeto de mercado, como pueda ser el alquiler de esa silla para “ver” las procesiones de Semana Santa o admirar la Capilla del Condestable en la catedral de Burgos. Entrar en una catedral ya no es sinónimo de rezo o meditación, porque el “locus iste a Deo factus est” del visionario Jacob se ha convertido en “locus admirabilis” para el turista que goza con la visión estética.

Con la diferencia, como decimos, de que ciertas celebraciones se han convertido en espectáculo del espectáculo: Semana Santa.

Con razón todas las “macarenas” y “cristos pobres” ¡salen! de las iglesias. Escapan porque ya se han escapado. Salen pero hay voces clamando en el desierto por que no vuelvan a entrar. Quizá con el tiempo vendan la exclusiva a Telecinco de que la Virgen se pasea por Triana, afectada por el paro:

"Ya la Virgen Macarena
que agotó la subvención,
llora de dolor y pena
buscando colocación".
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