¿Qué Islam nos venden? (1/2)

Fue un libro de evidente éxito editorial, "La ciudad secular". Hoy se podría hablar con iguales términos de la tensión que en el presente se da entre Islam y ciudad secular. Irán como prototipo.

La realidad económica, social y política, sustrato de las creencias islámicas, ha sido y es desalentadora: economías pobres y empobrecidas, explosión demográfica, mecanismos políticos y administrativos feudales, corrupción generalizada, falta de vitalidad y desaliento social, éxodo rural...

En una u otra forma, todos los países islámicos, incluso aquellos que podrían nadar en la riqueza y en el progreso, generados por el petróleo, entran en el mismo saco.

En Europa tal situación condujo al surgimiento del proletariado obrero, utilizado y adoctrinado por las únicas ideologías que propugnaban su bienestar: por un lado marxismo, socialismo y comunismo; por el otro, nacionalismo y fascismo.

En el mundo islámico parecía que iba a suceder lo mismo, pero la puerta de salida estaba obstruida. No había ni cauces institucionales ni fuerza cohesiva en las bases, pero sí un poder de los gobiernos excesivamente sólido como para siquiera zarandearlo.

Tras los escarceos históricos conocidos --años 50/60, Nasser, etc.-- la masa se echó en brazos de la organización crédula, tolerada las más de las veces por el poder y con suficiente solidez institucional como para resistir los embates de los distintos gobiernos.

Egipto podría ser el paradigma donde ver cómo han sido las relaciones, utilitarias y tensas, entre poder y “hermanos musulmanes” a partir de la llegada de Nasser al “trono faraónico” (1954), al decir de Qutub. Con ideología de progreso “marxistoide”, recibió sin embargo el apoyo del clero, para posteriormente proceder a la liquidación de sus dirigentes; cuando los necesitó de nuevo, otra vez recurrió al apoyo del movimiento religioso, con subsiguientes y nuevas persecuciones. La consecuencia fue el exilio o muerte de sus dirigentes, entre ellos Sayid Qutub, que tanto influiría en las revueltas posteriores; motines sociales; radicalización de las posiciones de unos y otros...

El nuevo Egipto, que parecía el patrón a seguir para salir del retraso histórico del pueblo musulmán, cayó en el despotismo y la corrupción.

Y lo mismo que en Egipto, así en el resto. Divorcio entre poder y credo; sociedad, en su mayoría adoctrinada hacia la credulidad, de espaldas a los deseos democratizadores de algunos dirigentes con mayor conciencia "occidental". Compás de espera histórica, nada más.
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