El Islam no lo es menos (2/2)

Asistimos estupefactos a infinidad de conflictos --que se traducen en matanzas y miseria-- entre o contra musulmanes: Bosnia, Kossovo, Cáucaso, Chechenia, Tadjikistán, Cachemira, India, Indonesia, Filipinas, Norte de África, Palestina...

Triple interpretación: pueden entenderse como nuevo brío fundamentalista; dirán que la plétora de una religión en la cumbre de su poder; o, como pensamos muchos, quizá el inicio de su decadencia, tanto por la crisis de identidad que refleja como por el efecto succionador de sociedades más adelantadas –el efecto de la globalización— a las que no pueden enfrentarse la creencia islámica con las armas de un credo nacido en el desierto y para el desierto.

Da la sensación de que el Islam quisiera imitar nuestro pasado más hediondo.Pero después de haber copiado lo que el cristianismo hizo a lo largo de la historia ¿aprenderá del devenir al que éste se ve abocado?

Desprecian el occidentalismo y caen en la misma náusea. ¿Yihad, cruzadas? ¿No son lo mismo? La "yihad" la vivimos ahora, está ante nuestros ojos... pero las cruzadas fueron todavía peor.

Y Occidente se defiende con cansancio e incluso con asco: ¡tener que derrotar a lo que nos ha derrotado!, parecen decir.

Grupos Islámicos Armados, Revolución iraní, afganos talibanes, lucha por los lugares santos de Arabia, clanes religiosos podridos de petrodólares...

Es de agradecer que el ceño fruncido de otro integrismo, el usamericano, les haya hecho recular: han visto las orejas al lobo y han caído en la cuenta de que no se puede rascar la tripa a la fiera. Han sufrido ya dos, tres o cuatro dentelladas.

¡Si al menos les sirviera para regenerar islamismos medievales!

El problema es que hay otros integrismos pululando por tierras quemadas: Israel no esconde el suyo, Estados Unidos les presta suelo abonado, el jomeinismo no ha muerto, el espíritu comunista chisporrotea bajo capas de ceniza.
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