El Islam no lo es menos (1/2)

La distancia --local, temporal, afectiva, social-- es buena a la hora de juzgar personas, acontecimientos, hechos históricos... Puede pecar de no conocer los detalles, pero acierta casi siempre en lo esencial. Al menos puede proporcionar mayor imparcialidad.

¿A cuento de qué viene esto? A cuento y a cuenta del Islam. Una "gran" religión por la masa de creyentes. Una de las tres consideradas "del libro". Y una más a la hora de succionar cerebros.

Hablamos de la distancia en el juicio porque el Islam, a un occidental cristianizado desde la infancia, le dice bien poco. Y hablamos de imparcialidad para que no se nos tache de herejes ofensivos con el "Profeta": ni nos va ni nos viene. Pero podemos opinar sobre su fundador tras bucear en distintos charcas de su procelosa vida.

¿Fue Mahoma o Muhamma o Mohamed un hombre? Si lo fue, no creo que difiera su psiquismo del de cualquiera de nosotros. Sus necesidades, las mismas; sus instintos, los mismos; sus penurias mentales, idénticas...

Una rápida lectura de la vida del Profeta no deja lugar a dudas de que la violencia está en los tuétanos fundacionales del Islam. Los datos que manejamos son ciertos, se extraen de sus biografías.

Acusado de revolucionario y perturbador, tuvo que huir a la ciudad-oasis de Medina(Hégira). Dicen que lo hizo porque sus habitantes no hacían caso de la "palabra de Dios" que fluía por su boca. Otros afirman que porque corría peligro su vida.

Lo que siguió después confirma la segunda opinión. Es más, intuimos un componente psicológico de venganza: ¿en qué persona, por más espiritual que sea, no surgen deseos de “resarcimiento” contra aquellos que buscaban su vida?

No podemos olvidar que Mahoma fue un personaje primario, irascible, “educado” en el pastoreo y el mundo de las caravanas de camellos.

El modo de hacerse con el poder en Medina fue la expulsión o asesinato de judíos y opositores, imponiendo, por “convicción” o violencia física, un modelo de sociedad islámica no muy diferente al que hemos visto en nuestros días en Afganistán. Todo en pro de una paz más alta, la sumisión de todos a Dios, del cual él era intermediario.

El “reino” mahometano se fue imponiendo por la fuerza de las armas (yihad primitiva y no la edulcorada yihad espiritual que hoy quieren hacer ver), porque Dios defiende y ofrece victoria a los creyentes.

Lo que siguió es conocido: ataques de los soldados comerciantes de la Meca; conquista de la Meca, purificación a sangre y fuego de la Kaaba, sometimiento de los fieles a “su” Dios...

La pujanza de la nueva espiritualidad se transformó en ejércitos conquistadores: sur y oriente del imperio bizantino (Egipto y Siria), el estado sasánida (Persia) hasta llegar de los Pirineos al Indo, de China a Indonesia.

¿Alguien puede pensar en la espiritualidad, no ya sólo racionalidad, de tal “creencia”?

No por situarse en la cumbre del poder --espiritual o político--, el individuo que lo detenta deja de lado o cambia la personalidad que tiene. Ejemplos a mansalva hasta llegar a nuestro mísero presidente de gobierno.
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