Benidorm en Semana Santa.
Lo quieran o no la concepción actual del hombre, práctica o teórica, vulgar o filosófica, no es ya cristiana. Le ha sido arrebatada a la credulidad.
Hoy el ser humano es algo "en sí", no "para el Otro" (la "otredad" de Ortega o la "alienación" psico/filosófico/teológica).
De ahí que no haya ni siquiera un paso, sino un camino paralelo, hacia la negación teórica de Dios –filósofos de la "muerte de Dios" por ejemplo-- o a la negación práctica, bien por asunción de otras opciones bien por prescindir de lo que ofrecen por irrelevante.
Ese paralelismo negativo entre exaltación del hombre, de lo humano, de su potencialidad creativa... frente al concepto cada vez más extendido de un Dios inactivo, que no hace ni puede hacer nada en el mundo, se traduce y se expande a todas las manifestaciones de lo sacro.
Es el paralelismo que se da entre Navidad cristiana y periodo del año dedicado a la exaltación de la luz..., al consumismo.
Es la vivencia real de la Semana Santa, por siglos lacrimógena y penitencial, hoy esperada como primeras vacaciones del año con playa.
Es la situación en que ha quedado el Domingo de misa y siesta y Domingo como segundo día del "fin de semana". Hoy se vive con "más intensidad" el sábado que el domingo: la tarde de este día a muchos les lleva al desánimo y a la depresión, por el hecho de sentir la llegada del día siguiente en que han de enfrentarse "a la vida".