Pongamos el caso de Gemma Galgani.


Declarado santo el santo, parece que el panegírico tiene patente de corso para decir lo que le venga en gana.

Parece no saber la Iglesia la pérdida de credibilidad que tienen las afirmaciones sin contraste alguno y sobre todo cuando positivamente se prescinde del contraste.

Tampoco parece saber que una afirmación “excesiva” genera un sentimiento similar en contrario.

Una verdad buscada, con seguridad nace de la “simpatía” hacia ella --a la vez que la provoca--, pero también ha de admitir la duda y hasta la censura.

Gemma Galgani suscita simpatía... pero habrán de admitir que también y lógicamente recelos, porque su conducta manifiesta signos evidentes de histeria.


Basta que un periódico italiano alzara su tímida voz para que toda una bandada de panegiristas se lanzara en su defensa. ¿Qué consiguen? Convencer a los ya convencidos de antemano y magnificar las diatribas.

Compare la persona imparcial: un médico que la trató, vio en ella signos de histeria; el panegirista, cien años después, desmonta tales afirmaciones. El “científico”, el médico, parece no tener autoridad para hablar “de visu” de dolencias de personalidad; en cambio el panegirista sí puede, de simples relatos, extraer toda una glorificación de ella.

Y nos debe parecer “normal” que tal jovencita “sufriera” estigmas, tuviera visiones (1), apariciones, éxtasis, voces interiores que le hablaban; una persona con la sensibilidad exacerbada y a flor de piel, aquejada por numerosas enfermedades, con unos padres preocupados por su salud -–hablan de incomprensiones familiares--.

¿Y quiénes pueden hablar de Gemma? Pues un profesor carmelita, un teólogo, una religiosa...

¿Y un psiquiatra imparcial no?

Dígase lo mismo de JP-2, de Josemaría, de Teresa de Calcuta…

Decimos lo que otras veces decíamos: si existiera el más mínimo interés por parte de la sociedad en desmontar los mitos que tales figuras han generado, cuántos sombrajos caerían.
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(1)La famosa carta que dirigió a su confesor no tiene desperdicio. Lo más importante para que el mundo cambie parece ser la erección de un nuevo Instituto religioso de féminas pasionistas... En sus palabras, o palabras que Jesús le dirigió: "Hija mía, escribe inmediatamente a tu padre [su director espiritual] y dile que vaya a Roma, que exponga este deseo mío al Santo Padre, que le diga que un gran castigo amenaza al mundo, y que necesito víctimas. Mi padre celestial está sobremanera indignado. Yo os aseguro que si dan a mi corazon la satisfacción de hacer aquí en Luca una nueva fundación de religiosas Pasionistas, aumentando así el número de estas almas, las presentaré a mi Padre, y Él se aplacará. Dile que éstas son mis palabras, y que será el último aviso que Yo le doy, habiendo manifestado sobradamente mi voluntad. Di a tu padre que me dé esta satisfacción"
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