Prácticas de Filosofía Lógica poniendo a Dios por testigo.

Decía Aristóteles que Silogismo es un argumento a partir del cual, fundadas ciertas verdades y por ser lo que son, necesariamente se deduce otra cosa diferente. La Escolástica llegó a su más alta concreción lógica con la técnica del silogismo.
El silogismo tenía sus reglas tanto respecto a los términos (una de ellas, la referida al "quaternio terminorum") como a las premisas. Sólo eran válidas quince clases de silogismo, según los enunciados de las premisas fueran afirmativos universales (A), afirmativos particulares (I), negativos universales (E) o negativos particulares (O). Condición imprescindible, que las premisas fueran verdaderas para que la conclusión fuera necesaria.
Esto se aprendía con una retahíla mnemotécnica: bárbara - celarent - darii - ferio - baralipton - cesare - camestres – festino , etc. siendo el último ferison. Un ejemplo en "cElArEnt": Los hombres no tienen alas(E); todos vosotros sois hombres (A), luego ninguno de vosotros tiene alas (E). O un silogismo en "dArII" un tanto "sofismatizado": Los blogs infumables no se deben leer; éste es un blog infumable; luego este blog no se debe leer
Apliquemos un poco de lógica no sé si escolástica o sofista al asunto Dios, a la posibilidad o no de creer en él y temas similares. Y partamos de algo que es verdad establecida, que "Deum nemo vidit unquam" y que no se puede saber nada de Dios (es afirmación teológica axiomática):
a) Lo que no se comprende no puede ser contenido del conocimiento y lo que no llega al conocimiento tampoco se puede creer; Dios es incomprensible por esencia, por lo tanto no se puede creer en Dios.
b) Otro sofisma: Dicen los que creen que para tener fe es preciso el conocimiento, para poder saber qué se cree; pero Dios es inasequible al conocimiento; luego no podemos tener fe.
c) Y otro: No se puede entender lo que no se puede definir; la fe en un Dios indefinible no se puede expresar ni definir, ya que, entre otras cosas, dicen, la fe es una vivencia; luego no se puede tener ningún concepto ni tener fe racional en Dios.
d) Sólo la evidencia que proviene de una demostración es fuente de verdad; Dios no es evidente ni demostrable; por lo tanto el concepto de Dios es falso.
e) Sofisma práctico: El hombre no puede disponer ni usar de lo que no conoce, esto es evidente; por su esencia, Dios es algo incognoscible e indemostrable, luego el hombre que dirige sus oraciones, sus ritos, etc. a Dios es un irracional.
f) Decir que algo es esto o lo otro sin demostrarlo, es subjetivo y se puede rechazar o interpretar de muchas maneras; Dios para unos es omnipotente y necesario, pero para otros es una entelequia; luego Dios depende de la interpretación de cada uno.
g) No se deben multiplicar los entes sin necesidad; todos los fenómenos naturales se pueden explicar según sus propias leyes, luego no se necesita inventar un Creador.
h) El efecto tiene que tener relación con la causa; todas las cosas que suceden en la naturaleza se explican por causas naturales, luego no se necesita una “causa” divina.
i) Dios es espíritu; la naturaleza es “cosa” física; luego de algo espiritual no puede surgir la naturaleza física.
j) De otra manera: Acontecimientos materiales no pueden tener causas sobrenaturales; luego no se puede deducir un ser espiritual, inmaterial, etc. como causa de lo que sucede en el mundo y en el hombre.
k) Algo es necesario cuando sin ello no se pueden lograr los efectos pretendidos; hay hombres buenos, honrados y honestos que no saben de Dios; luego Dios no es un ser necesario.
l) Todas las cosas son o necesarias o inútiles; en la vida de cada día, la vida normal, se ve que Dios no es necesario; luego Dios es inútil.
m) Dios es el fundamento de todas las religiones pero no puede ser al revés. O bien todas las religiones predican al dios verdadero o todas predican una parte de Dios. Afirmar lo primero sería absurdo, pero si es lo segundo, el hombre haría bien en no adscribirse a ninguna por inconsistencia interna de todas ellas.
n) El sofisma del tiempo: Dios no puede exigir de los hombres una conducta en un siglo y otra completamente distinta en otro; dado que eso se ve hasta en la Biblia y ha sucedido y sigue sucediendo en la historia de la Iglesia, hay que deducir que o los “intérpretes de Dios” engañan o es Dios el que engaña. Si se prescinde de los primeros, la religión se volatiliza. Luego...
o) Similar: Dios no puede exigir cosas antinaturales o contrarias a la naturaleza que él mismo ha creado; dado que, para llegar a Dios, todas las religiones prescriben actos contrarios a la naturaleza,hay que o bien desechar a Dios o desechar las religiones o desechar ambas cosas.
p) Silogismos encadenados. La muerte es algo malo y Dios no quiere lo malo; si no quiere lo malo no quiere la muerte; como Dios es bueno y omnipotente puede suprimir la muerte del horizonte vital del hombre; si no suprime lo malo contradice su propia esencia; luego la muerte no existe... ¡o no existe Dios!.
q) Todo mal tiene que tener un origen y una causa. La causa puede estar en la Naturaleza, en el hombre o en Dios. Dado que el mal gratuito, porque sí --fenómenos naturales si en ellos mueren personas--no tiene una causa natural ni humana, por lo tanto tiene su origen en Dios. Y si Dios es la causa del mal, hay que desecharlo o apartarse de él.
r) El hombre es racional porque siempre busca las causas. Pero el mal impune e injusto o el mal natural (terremotos, volcanes...) escapa a las causas humanas. Por lo tanto debería achacarse a ese Dios que dicen que existe.
s) Otro incontestable: Dios no puede quebrar las leyes físicas ni las leyes matemáticas; Dios, por lo tanto, no es omnipotente. Y si no es omnipotente no es Dios; luego Dios no existe.
Podríamos seguir “in aeternum” con argumentos similares pero no es cuestión de cansar la inteligencia de nadie porque tales argumentos son a la vez sofismas refutables. Pero para refutarlos hay que conocer, entre otras cosas, las leyes de términos y premisas.
Dado que, en sentido absolutamente contrario, la misma lógica anima a los creyentes, cantar de vez en cuando en su tesitura no viene mal al espíritu... ni al de ellos, por supuesto.
