Las doctrinas más
peligrosas contra la credulidad religiosa siempre han provenido de la filosofía y del humanismo, corrientes éstas que, sobrevolando creencias y no dejándose cautivar, han puesto en entredicho conceptos sacados de formas de pensar que no iban más allá de los epifenómenos (1).
También "ellos", los próceres intelectuales de la fe, han necesitado de la verborrea pseudo filosófica para echar por tierra doctrinas frontales contra su religión. Lo han conseguido hasta ahora. O casi.
El modo, suele ser el consuetudinario reduccionismo. Si a un filósofo, por más original que sea, se le logra "reducir" a teoría precedente, su doctrina muere en un rincón del saber. Ésa ha sido una de sus tácticas, el decir que tal doctrina "
no es más que...".
Así toda filosofía que se atreve a atacar la religión "no es más que" panteísmo, materialismo histórico, reduccionismo simplista, "psicologismo" barato, existencialismo ateo, positivismo trasnochado, conductismo decadente, modernismo y postmodernismo...
Nada que sea original: la religión ha resistido y resistirá todos los embates de filósofos menguados.
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(1) Utilizo esta palabra, sacada de la Psicología y usada también en Patología, para referirme no a los fenómenos, que son hechos naturales, sino ese algo que se adhiere al hecho fenoménico pero sin influir decididamente en él.