Regreso a un saludable materialismo.

En contra de tal afirmación –saludable materialismo-- hay un trasfondo histórico muy sensibilizado por obra y gracia de filosofías trasnochadas de las que se apropió en su interés la religión (cristiana). Afirmarlo es verse sometido a interpretaciones perversas, interesadas y falsamente reduccionistas. Sin embargo, de los datos del sentido común y de la ciencia hay que deducir que “todo lo que existe es materia”.
¡Hay tanta filosofía detrás de esta afirmación que las respuestas llenan sacos de invectivas sacralizadas! Lo que la historia ha impuesto como criterio único intelectual –interesado siempre— ha sido el espritualismo. Sin embargo, desde los inicios del pensamiento, la corriente materialista ha seguido un curso paralelo.
Las expresiones, las denominaciones se desgastan o degradan con el uso. Dado el sentido descalificador del término “materialismo”, habría que encontrar algún otro que lo despojase de connotaciones negativas.
En el binomio alma–cerebro, las posiciones de partida ya están prefijadas y son inamovibles. Es la dialéctica entre “alma creada” frente a “vida asentada”, “alma conjunto de actividades espirituales” frente a “alma igual a actividades cerebrales”...
Las neuronas, productoras del pensamiento, ¿qué son a la lupa de la biología? Materia animada, materia en función, materia en actividad.
¡Qué inmensa riqueza y virtualidad contiene la materia! Copiando al filósofo (Loren Eisley) ponemos en consideración las nunca bien exprimidas “cualidades” de la materia: abierta, dinámica, ordenada, universal, evolutiva, constructiva, emergente, viva, consciente, personal.
El porqué de cada uno de esos epítetos obligaría a una más extensa y prolija explicación. Recapacítese en ello.
La materia, por evolución, llega a la reflexión, a ser consciente de su propia función y de su propia entidad , dijo Ch.de Duve.
Otro asunto bien distinto es cómo todas las religiones han creado un mundo independiente, separado, segregado, con entidad propia... pero sin fundamento alguno verificable, del que depende la misma materia y al que aspira por resurrección o transmigración dicha materia. Absurdo.
Quizá el nuevo paso que dé la humanidad, paso cualitativamente relevante desde luego, sea el de crear elementos que dispongan de esa misma “consciencia”, de esa misma “involución” sobre sí mismos, de ese mismo autocontrol, pero dependientes del hombre.
Llegaríamos a la verdadera divinización del hombre, algo, concedámoslo a los crédulos, que ¡también estaba en la Biblia!
Es la premonición demoníaca de “seréis como dioses” o la arrepentida venganza de Dios frente a los babilónicos turrifactores.