¿Resucita Dios o resucitan Hombre y Naturaleza?

Hay tal cúmulo de mitología en eso de "dioses que resucitan" que para el propósito de un artículo en "blog", produce cansancio siquiera pensar en aportar bibliografía. Más todavía, buscarla. La que mejor conocemos es la mitología romana, calco de la griega (*). En ella hay referencias varias sobre resurrecciones y "descenso a los infiernos", de entre éstos quizá el más emotivo el de Orfeo para rescatar a Euridice.
Después de estudiar el influjo que el helenismo tiene sobre Pablo de Tarso, cada vez me convenzo más de que el mayor cúmulo de aportaciones al cristianismo no proviene, aunque también, de una corriente racional de pensamiento, el griego, sino sobre todo de elementos aportados por la religión egipcia. Los conceptos paulinos provenientes del helenismo inciden en figuras y hechos mitológicos extrapolados de la mitología egipcia.
Aquella profecía de Oseas que Mateo hace cumplir en Jesús, "de Egipto saqué a mi hijo", tiene más enjundia que el periplo de Moisés o la supuesta bajada a Egipto de la familia sacra: el judaísmo y el cristianismo "sacaron" de Egipto el AT y el NT.
Hoy la religión egipcia queda sumida y catalogada dentro de los mitos, "mitología egipcia" de los manuales al uso, pero no era tal para los fieles creyentes egipcios, que vivían y morían confiados en la inmortalidad de sus almas y en la "resurrección" con su amado Osiris. ¿Y tantos millones de personas vivieron engañados por sus sacerdotes durante cuatro mil años? ¿O todo ello era también "verdad"?
Era verdad hasta que llegó el cristianismo con la suya propia, haciendo de "eso", de la resurrección de Osiris/Cristo la esencia y fundamento de la religión cristiana, cuyo origen puede que se encuentre en culturas previamente enterradas por los egipcios. Vaya Ud a saber.
Cito a Georges DUBY en “Los ideales del Mediterráneo”.
El mito egipcio de Osiris es uno de los muchos mitos neolíticos de dioses que mueren y resucitan relacionados con la vegetación y la agricultura, con las plantas que cada año mueren en otoño para resucitar en la primavera siguiente. En un texto de un sarcófago se lee: “Yo vivo, yo muero, yo soy Osiris... Yo vivo yo muero, yo soy la cebada. Yo no perezco” (Buck and Gardiner. The Egyptian Coffin texts. Chicago, IV, 330).
Durante el periodo romano los mitos de resurrección tuvieron un éxito extraordinario. Roma se llenó de templos dedicados a Osiris. Todos, incluso los esclavos, querían resucitar. Lo cual es una de las razones que explican el éxito del mito cristiano de la resurrección de Cristo, que prometía la resurrección a todos sin excepción.
Dos hechos naturales fundamentan ese deseo del hombre por obtener la inmortalidad o por resucitar:
1. La propia naturaleza dependiente del ciclo solar que cada año muere y vuelve a renacer. Cenizas del ave Fénix, otro de los mitos relacionados con la resurrección.
2. El instinto de supervivencia de todo animal, del hombre también.
El deseo reflejo, instintivo, de no morir se ha traducido a lo largo de las culturas en mitos de supervivencia, de resurrección, de rescate de los muertos... Viajar al mundo de los muertos es una constante literaria y está presente en todas las culturas. Hemos citado a Orfeo y Eurídice entre los griegos, pero en la escondida África tenemos a Marwe y Sawoye; en la mitología hindú están Savitri y Satiavan; entre los maoríes, Pare y Hutu; en la cultura babilónica tenemos los relatos sobre Ishtar y Tammuz; y Osiris e Isis en Egipto.
Este mito es precisamente el que más semejanzas ofrece con el mito de Cristo que resucita. Osiris es asesinado por su hermano Seth; Isis, su mujer, lo resucita y tiene con él un hijo, Horus. Tras su muerte, pasa a gobernar el "Hades" egipcio, "los infiernos" que visitará Cristo tras su muerte en la cruz (¿qué otra cosa pretende decir ese versículo del credo "descendió a los infiernos"?). La mitología de los evangelios no toca lo esencial, aunque sí los detalles. Cristo es traicionado por su hermano Judas, quizá encarnación de todo un pueblo (Judas-Judá-judíos); también desciende al Hades y también resucita, para desaparecer definitivamente a los 40 días.
Al igual que Osiris y Cristo, en el Méjico precolombino los dioses aztecas también morían para que el sol saliera cada mañana; en Grecia Perséfone resucitaba cada primavera (Cristo resucita en la 1ª luna llena de la Primavera); en la mitología nórdica ese mito lo encarna el dios Balder, hijo de Odín.
Culturas de imposible permeabilidad y alejadas geográfica y temporalmente se expresan en mitos similares. Sólo hay una explicación: son producto del hombre. ¿Por qué los cinco mundos de los navajos, las cinco eras del hombre de los griegos (entre los hindúes, cuatro), los cinco soles de los aztecas?. Dígase lo mismo de la resurreción. ¿Motivo? No hay otro que las dos razones apuntadas arriba, el renacer de la vida en primavera y el deseo de inmortalidad, expresión del instinto de supervivencia.
No puedo por menos de volver a la realidad de ayer por la mañana o antesdeayer por la noche, observando el "supuesto" gozo que "parecen" sentir los fieles que acaban de celebrar el rito de la luz, oír el Pregón Pascual y cantar el Alleluia.
Pase que achaquemos credulidad a personas de poca formación o de una susceptibilidad a flor de piel, pero también encontramos la misma creencia en resurrecciones en personas pretendidamente cultas. ¿Qué sustrato hay en el hombre que le induzca a creer que alguien resucitó, que ellos resucitarán...?
Insisto en lo que tantas veces digo: sólo quien ha pasado por tales vivencias puede darse cuenta del descomunal esperpento de credulidad que ahí se encierra. El que nunca ha sido adoctrinado sobre resurrecciones ni siquiera alcanza a vislumbrarlo. Lo cree y basta.
Nadie pretende despojar a los demás de nada, de credulidades, de sentimientos, de tradiciones, de usos sociales... Simplemente que abran los ojos a la verdad, que perciban que no hay nada sobrenatural en lo que creen, que todo es un soberbio proceso de inculturación (inmersión en la cultura) y que sabiendo de donde procede todo, otorgará el verdadero valor de símbolo a tanta pretendida "realidad divina". Es la breve ayuda que se les puede ofrecer.
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(*) Para mí el mejor diccionario de Mitología Griega y Romana es el libro de Pierre Grimal. Ed. Paidós, que es el que me sirve de vademecum.