2.PARADOJAS ACERCA DE LA HIPÓTESIS "DIOS". HIMNO DE LA CREACIÓN.
Nos topamos con una doble dificultad:
1) nuestra limitación mental, inadaptada para la “ausencia de un comienzo” en mayor medida que para las magnitudes extremas;
2) la intuición de que nos hacemos “trampa” cuando generamos un concepto trucado para lograr la elusión -rápida y engañosamente simple- del problema planteado.
Tal sospecha (o convicción) no puede ser conjurada con nuevas trampas que traten al tiempo de salvar la excepción de un primer ente y nuestra incomprensión de todo el proceso pre-generador y eterno, pues la misma no afecta menos a dicho “ente” que al resto del Universo, por más que la repetición machacona de una idea –aun ininteligible o absurda- desde la infancia pueda llegar a hacérnosla familiar.
Nos metemos en un bucle sin fin (de los que gustaban a la escuela eléata) cuando nos aferramos a la idea –que quisiéramos desligar de nuestra limitación específica- de que Dios escaparía a esa necesidad de creación y comienzo; de tener que aparecer en algún momento y de algún modo; de no poder existir antes de cualquier tiempo y aun de que el tiempo existiera.
Lo que no entendemos aplicable al Universo, tampoco se lo entenderemos a Dios.
Todo tiene un origen y un final... Nada existe desde hace un tiempo infinito... Nada puede salir de la nada... Todo ente complejo tiene un origen... Nada escapa a esta consideración elemental...
Al menos, no sin una prueba convincente y de alto calado.
- Sí. O, mejor, no… Dígame: ¿dónde está la trampa argumental?
- Verá: todo a la vez, la negación de la posibilidad remota de una eterna preexistencia y la exigencia de un ente ignoto que incumpla la norma, es imposible. Si el Universo requiere un comienzo, un acto creador y fuerza externa posibilitadora (creadora-impulsora-mantenedora), el dilema -o dificultad irresoluble- planteado no admite una excepción indemostrada: el problema (explicativo) no lo arregla ni Dios. Dios es más complejo e imposible (como "ser" teorizado y complejo -consciente, inteligente, infinito, poderoso, etc.) que el resto del tema (elementos, propiedades y relaciones) a explicar.
Nos atrae lo inexplicable, hoy restringido al primer segundo del Universo; y aun siguen atrayéndonos las grandes cuestiones hasta cierto punto resueltas: el origen de la materia, de la vida (éste apenas conjeturable) y su complejización, la animación y el entendimiento progresivo de los individuos de las diversas especies emergentes, por centrarme en lo más escuetamente desconocido.
En cierto modo, seguimos como al principio: no podemos decir nada de Dios. O peor: ahora tenemos que preguntarnos cuál era la propuesta exacta, qué ente admitimos como hipótesis nula, por qué Ser nos preguntamos exactamente.
Pero no está de más ver con claridad que la propuesta es humana desde el principio: los dioses forman parte de una intuición o razonamiento propiamente humanos; son creación nuestra.
Lo que tampoco significa, como advierte Moisés (me refiero a mi amigo y comentarista habitual de este blog, no al bíblico), que el objeto -o cada uno de los diversos contenidos- propio de nuestra divagación mental (o acaso fruto un ejercicio inteligente no menos creativo que deductivo) no exista en realidad.
Como acordamos, podría ser noúmeno aunque no sea fenómeno. Nos lo asevera el propio Kant, que denuncia como huera la práctica de pensar y deducir en ausencia de objeto perceptible: “la “Ilusión Transcendental” se refiere a las “ideas vacías” que aborda la razón (como cosa propia de ella, pero ilegítima). Las supuestas ciencias que se ocupan de tales ideas no son más que palabrería vacía”.
Pero, el que Dios o el alma inmortal no existan como fenómenos (por lo que no podemos conocerlos ni demostrarlos) no significa que no puedan existir como noúmenos.
Lo que no presupone un 50% de posibilidades para su afirmación o negación existencial: las lucubraciones humanas han de ser antes demostradas que refutadas, como se advierte repetidamente.
Es célebre aquella propuesta en que el gran Russell nos plantea la posible existencia de una indetectable tetera china de la dinastía Ming, la cual podría hallarse orbitando entre Marte y Júpiter... ¿Le damos un 50% de posibilidades de tal afirmación o, más bien, le exigimos que afronte la carga de la prueba?
Claro está que no hay cálculo posible: no podemos aumentar nuestra posibilidad de acierto mediante ningún recurso…
Para un planteamiento más sabio, atendamos a Sócrates (en la versión dialógica de Platón): en referencia al “más allá” existencial: “Si no hay nada, ¿qué mejor que nada?” O a Juan de Mairena: “-¿Y qué traemos mañana? -Lección 29: “De la posible inexistencia de Dios.” Pero hallo más elegancia en cierta cosmogonía hindú...
Un célebre texto hindú (El Himno de la Creación) que figura en el Rig Veda (RV, X, 129) considera que "los dioses están más acá de aquél momento creador" (del que procede todo cuanto observamos), "¿Quién sabe, en verdad, de dónde procede… (el Universo)? “Sólo el que vela desde lo más alto lo sabe. O acaso no lo supiera..."
El Himno de la Creación (RV, X 129)
No existía el ser, tampoco existía el no-ser en ese tiempo.
No había ni espacio ni firmamento en el más allá.
¿Qué es lo que se movía? ¿Dónde y bajo la guardia de quién?
¿Existía el agua profunda, el agua sin fondo?
En ese tiempo, tampoco existía la muerte ni la no-muerte, ningún signo que diferenciara el día de la noche.
El Uno respiraba sin aliento, mudo de sí mismo: ninguna otra cosa existía en el más allá.
En el origen, las tinieblas cubrían las tinieblas, todo lo que ahora se ve no era más que ola indefinida.
…
¿Quién sabe, en verdad, quién pudo anunciarlo aquí: de dónde ha salido, de dónde viene esta creación?
Los dioses están más acá de este creador: ¿quién sabe de dónde emana?
Esta creación, de dónde emana, si ha sido fabricada o no –el que vela en lo más alto del cielo lo sabe sin duda- …o acaso no lo supiera…
Atharva Veda X, 129 (Trad. L. Renou, Indio Vedicuo).
Tomado de “El origen del hombre en las tradiciones religiosas”, del libro: “Origen y evolución del hombre”, Ministerio de Cultura, Madrid, 1984.
Reconocer lo que desconocemos como punto de partida para conocer mejor es lo que hacen los filósofos en general (y es un ideal compartido por filosofía y ciencia), pero resulta raro en (o es lo opuesto de lo propio de) la tradición religiosa, lo que convierte, a mi juicio, a la referida en una tradición sabia, además de poéticamente expresada.
El poeta hindú veía el tema con apertura, con un tipo de sabiduría que incluye plantear la duda de que Dios exista.
Recordemos que en el mundo hindú Dios no es tanto un ente personal, mucho más cuestionado en su compleja y elaborada teología, como un Absoluto impersonal, de modo que el poeta se cuestiona acerca de la existencia de cualquier ente sobrenatural preexistente al mundo.
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Entre dos traducciones del Himno nos hemos decantado por la aquí citada por ser más conforme con el original que otra que teníamos a la mano. Si alguien quiere contrastar versiones, puede entrar en el siguiente ENLACE .