Entre el afán por conocer y la admiración crédula.

O, lo que es lo mismo, el imperio de la Credulidad frente al avance de la Física. No es caso exponer aquí aspectos y logros de la física que cualquiera puede encontrar en la Historia de la Ciencia, pero sí referirnos a determinadas preguntas que se formulan algunos físicos hoy día.

Curiosamente son preguntas más filosóficas que descriptivas, que tienen que ver más con el “por qué”, que con el “cómo” y son preguntas que hemos podido ver en libros de tiradas millonarias y de sectas proclives a la admiración por la admiración:

• ¿Por qué las partículas elementales tienen las masas que tienen y no otras?

• ¿Por qué el espacio-tiempo tiene tres dimensiones espaciales y una temporal?

• ¿Por qué las leyes de la naturaleza son las que son y no otras?

• ¿Por qué el Universo es tan viejo como parece ser?

• ¿Por qué existe la vida y, en particular, la vida inteligente cuya encarnación nos es tan propia?

• ¿Cómo se originó el Universo?

• ¿Cuál es la estructura de la realidad?

• ¿Existe ésta como algo objetivo, independiente de los observadores inteligentes, o el mundo real, que la ciencia puede estudiar, constituye un entramado inseparable, parte del cual es el propio observador?

Al abrigo de esas preguntas, que llevan a una esencial, cual es el “nacimiento” del universo, surgen inmediatamente otras:

• ¿qué futuro tiene el Universo?

• ¿qué gobierna su evolución cosmológica?

• ¿acaso se gobiernan por la cantidad de materia y energía que se halla en el mismo?

• Y de ser así, ¿cómo?

Éstas y otras muchas son las profundas cuestiones que brotan de las observaciones de científicos como Harlow Shapley, Edwin Hubble, Milton Humason y otros. Para discutirlas, se precisa un modelo estructural del Universo a gran escala, como pueda ser el que aporta la teoría de la relatividad general formulada por Einstein: la teoría de la gravitación basada en una estructura espacio-temporal, que supuso un abandono total de la envejecida gravedad de Newton.

Y ahí están los científicos, pensando, repensando, observando y tratando de corroborar datos para hacer enunciados...

Mientras tanto y de vez en cuando, hay científicos que “acortan” veredas, elucubran y se convierten en crédulos simplistas que miran al cielo y no ven el cielo, ven a Dios, sin tener la humildad suficiente para reconocer que alguna vez podrán tener respuesta científica muchas de esas preguntas.
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