5. “Para Kant la razón pura accede a realidades secundarias y subordinadas. Las principales: Dios, alma, inmortalidad…están al alcance de la razón práctica”.
1.- La persona sin Religión es necia.
a. ¿Es preciso responder a semejante memez? Cada vez más personas bien informadas e inteligentes (incluidos los filósofos y científicos de alto nivel) declaran no creer en un Dios personal y creador; por el contrario, es evidente que existen necios creyentes, creyentes peligrosos, inmorales, mezquinos, abyectos, etc., y no en menor medida (absoluta ni relativa) que sus equivalentes agnósticos o ateos.
b. ¿Es necesario apelar a la religiosidad o irreligiosidad de las personas o relacionarla con su conducta y actitud, salvo que éstas hayan de interpretarse o relacionarse con su fanatismo o intolerancia agresora?
c. No pocos creyentes lo son por carecer de información y espíritu crítico; por no someter a un mínimo análisis el credo que se les inculcó en su infancia.
d. Por si fuera poco, el autor de la sentencia atribuye –gratuitamente, sin otro motivo que su prejuicio- a los no creyentes otros atributos indignos que relaciona con su falta de integridad, moral, virtud, honestidad; o su deterioro humano.
¿Tiene algo de esto relación (verificable, sociológica, psicológica o estadística) con la realidad? En absoluto, por supuesto. La fe (creer sin pruebas) ni siquiera es más “meritoria” que su ausencia; y acaso el ateísmo o agnosticismo crítico de la persona que se ocupó de buscar la “verdad” merezca en mayor medida nuestra admiración que la fe infantil e inmodificable del carbonero, por no mentar a los loros.
Arrogarse la verdad absoluta, sin pararse a analizar muy a fondo su fundamento es una actitud realmente necia y propia de incultos. Una actitud alejada de la del filósofo, el antropólogo y el hombre culto en general. El fanatismo cerril debería curarse con la cultura (y el uso de la inteligencia.
e. Si la sentencia viniera a decir: “el fanático es un necio”, tal vez se aproximara más a la realidad, pero debería matizar.
Por ejemplo: (lo es)…salvo que utilice su fanatismo para someter a otros a su arbitrio tiránico. Si quisiera utilizarlo, es otra cosa, claro. Carlo Mª Cipolla lo llamaría un “malvado”. A un malvado puede irle muy bien, si logra prosperar a costa de otros cuyas posibilidades restringe.
Otro problema sería considerar por qué algunos necesitan un mundo uniforme, obedecer un patrón restrictivo o una autoridad limitadora en lugar de disfrutar de la variedad, la autonomía y el propio aprendizaje…
Debería tratar de “ver” con amplitud de miras o, por lo menos, conformarse con vivir su fanatismo de puertas adentro, sin afectar a terceros (“vive y deja vivir”). Porque los demás son los inocentes, que no tienen la culpa de su fanatismo.
Parece increíble que queden “jetas” y gente tan inmoral que echen de menos la Inquisición a día de hoy. Que solicite que “su verdad” (no más certera ni indiscutible que cualquier otra) se imponga por la fuerza bruta (en poca estima la tienen, junto a la razón que debiera hacerla relucir), fuerza que se imagina en contra nuestra, aunque podría volverse (tal es la esencia de las tiranías) en su contra: pudiendo ser ellos los obligados a callar, los perseguidos y castigados.