Ser bueno (2/2) La bondad del bueno sin hacer el bien.

El creyente anhela, dicho en términos simples, “ser bueno”. Tal deseo se queda las más de las veces en propósito, dado que prescinde de la necesidad de hacer el bien. En esto, a decir verdad, no se diferencia en nada del resto de los mortales.

El convencimiento de una supuesta bondad proviene de “conversaciones” consigo mismo, aunque se manifiesten dirigiendo la mirada a la Virgen de los Dolores. El psicoanálisis hablaría de una proyección de la personalidad en fetiches con desdoblamiento de la misma: así el creyente cree hablar con alguien distinto a él al que promete ser bueno y al que pide fuerzas para serlo. A cambio “recibe” la fuerza necesaria o cree que con ello ya tiene la predisposición para hacer el bien.

Hacer el bien, sin embargo, puede ser o no consecuencia de ser bueno (ni más ni menos que el resto de los mortales): todo depende de la necesaria correspondencia. Si espera algo –tranquilidad de ánimo, confirmación de su bondad, más gracia santificante-- hará el bien; si no, creerá que no es necesario. En compensación a no hacer el bien, esgrime su “ánimo” de bondad o, como mucho, el que ya practicará actos de penitencia.

Con lo dicho, nos encontramos que "lo religioso" viene a ser una retroalimentación mental de los valores a los que se aspira, valores que también son deseos y que también se concretan en propósitos.

Los valores religiosos se pueden sustentar o en el consuelo que “el alma” recibe o bien, como en un efecto de retroalimentación, en el sustento de valor moral que tienen.

Tener espíritu religioso conduce a una moralidad superior, real o presentida, moralidad que se vendría abajo si no tuviese el asiento de la religión. Moral y religión, matrimonio indisoluble, pero de conveniencia. Lo paradójico, incomprensible y sorprendente del asunto es que muchos crédulos "concienciados" fundan dicha moralidad, la mayor parte de las veces, en “actos”, actos de piedad, actos de adoración, actos de caridad organizada, actos de fraternidad... todo muy sobrenatural, pero ¡todo tan alejado de lo humano!
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