Cuando la castidad no hace referencia al sexo.

Eso de la castidad lo llevan muy mal incluso en el lenguaje: cuando la explican ni siquiera saben lo que explican. ¡Y hablan de que, en Dios, el amor es también eros! Pues ahora sí que no entiendo nada... porque es la señal de partida para permitir webs eróticas en los seminarios: ¡Dios es también eros!
Se refieren una y otra vez a esa castidad virginal, espiritual, la castidad que deja libre “el alma” para proyectos superiores, la impregnación de los actos por un sentido nuevo que brota de las fuentes del Espíritu... Con este tono, de este cariz y de tal manera suelen referirse en sus tratadillos pastorales a la "sublime entrega y reserva del propio cuerpo a Jesucristo".
Es una forma eufemística de referirse a asuntos para ellos escabrosos. ¿O se trata de lenguajes heurísticos?.
¿Hablan de sexualidad o hablan de recursos estilísticos?
La referencia a los genitales y al uso de los mismos se ha evaporado: la lección de anatomía humana no estaba en su libro de “Ciencias”.
Lo deben estar pasando muy mal en el mundo de hoy, impregnado de la naturalidad del cuerpo, exhibido en anuncios, vallas, pancartas, telediarios, páginas web... Ese apartar la vista continuamente, por necesidad les va a provocar esguinces de cuello.
Parece que durante un tiempo a la Iglesia sólo le sirvieron las "matemáticas". Puestos a recordar --y de aquello “nunca más se supo”--, el control de la natalidad que propiciaban era el “natural”, escogiendo entre ellos el de Ogino-Knaus, que establecía estadísticamente los días fértiles y los no fértiles en la mujer.
La mayor parte de quienes a comienzos de milenio cumplieron los veinticinco o treinta años son, a fuer de hijos de padres creyentes piadosos, “hijos de Ogino”.
De momento, porque no ha habido doctrina en contrario, sólo una ciencia, las matemáticas, asociadas a ese “enorme impulso de aggiornamento” realizado por la Iglesia en los años 70, casa bien con la sexualidad, no así la física ni la química.
En la Iglesia, el sexo "no luce". Ha sido en la sexualidad donde la religión católica más fijaciones dolosas ha creado.
Su primitiva orientación, única y estrictamente procreadora(Tomás de Aquino y seguidores) ha variado pasando por las mixtificaciones médico-teológicas de los tratados de los siglos XVII a XIX hasta los malabarismos teológico-morales de mediados del siglo XX.
Incluso han llegado a decir que "la abstinencia sexual en sí, –derivada lógicamente del celibato-- no es un valor moral" .
Tal deriva ha degenerado o bien en entrega de la toalla --teniendo el tejado de vidrio, mejor no hablar de este asunto--; o en descalificar a este mundo como pervertido y "sin remedio" o en una regresión pastoral a la cueva de siglos pasados, llevada a la práctica de forma sublime por sectas como “La Obra de Dios”.
Carecen de la visión lógica de que una tendencia natural no se puede reprimir sin más, aunque sí encauzar por sublimación real, no con ficciones.
Les falta asumir que también la sexualidad es juego humano, placer regenerador, diversión amorosa que une a la pareja.
Tienen claro que si su teología acepta estos postulados, la desbandada de sus castísimos preceptores y guías espirituales puede ser de escándalo.