Las contradicciones esenciales del voto de pobreza


Ayer pegábamos aquí un breve escrito sobre el voto de pobreza, uno de los tres pilares de la vida monástica católica. Tal voto ha traído consigo un choque lógico entre espíritu y realidad dentro del estamento clerical.
Chocan la realidad de subvenir a sus propias necesidades humanas, por una parte, y el manejo de ingentes cantidades de dinero como sociedad, por otra.
La “salida” por la que opta la jerarquía es, sobre todo, la moralización del conflicto: es cierto que dentro la organización todo está solucionado y que, siendo pobres, se vive bien o muy bien. Pero, aunque la realidad actual sea ésta, el deseo tiende a metas inalcanzables “en este mundo”. Sólo en la otra vida la persona logrará el desprendimiento de los bienes de este mundo.
Normal y lógico... y ¡conflicto solucionado!.
Pero ese tan manido “espíritu de pobreza” entra en colusión frontal con la realidad que vemos, consideraciones de andar por casa. Y vemos que opera el secretismo, la negación, el ocultamiento. Sus cuentas no son transparentes ni quieren que lo sean.
Contradicción flagante: ¡ah, como el consejo de pobreza se refiere a la persona y no a la sociedad...! ¡Conflicto solucionado!
Y en relación al individuo, el asunto de la pobreza no dejaría de tener su importancia si encarasen el problema con enfoque laboral y humano. Nadie podría decirles nada. Sin embargo, con esa asunción del trabajo como factor humano, quedarían vacíos muchos presupuestos.
Parece que hablan un lenguaje doble, paralelo o en eco: ¿de qué pobreza se trata?
El sacerdote debe aspirar a la pobreza, pero, como hombre, necesita vivir: ¿cómo, de qué y con qué? El sacerdote ha de tener un nivel de vida acorde con su “status”, ¿cuál?. El sacerdote, como cualquier trabajador, siente la inseguridad ante su propio futuro, no sólo inseguridad económica, sino, sobre todo vital (salud, retiro, relación, atención), ¿cómo la organización puede transmitir esa seguridad?
Por otra parte, siendo el mandamiento el mismo para todos, unos se procuran “sucedáneos” con los que gozan de mejor nivel de vida: ¿cómo influye eso en el entramado general en que se mueve?.
Cuestiones de andar por cas, decimos, cuestiones “rastreras” para la jerarquía, pero que son la comida diaria de seres humanos “utilizados”. Cuestiones con las que choca la jerarquía o se ve en la imposibilidad de poner remedio.
Ya decía el enciclopedista Diderot que hacer voto de pobreza significa obligarse por juramento a ser perezoso o tener que robar.
Y mejor no sacar a relucir el latrocinio social en que la casta religiosa española ha vivido durante siglos.