El cristianismo destruyó la cultura científica griega.
No sabemos lo que habría dado de sí la cultura científica griega. Sobre "possibilia" todo son especulaciones. Ahora bien, lo que sí sabemos es la labor destructiva que la llegada del cristianismo propició.
Y conocemos aquellos elementos de pseudo-ciencia cristiana en los que ocuparon sus ocios la mentes más insignes: teología y más teología; apologética con discursos literariamente admirables; búsqueda compulsiva de técnicas arquitectónicas para que no se derrumbaran los templos primitivos (después de convertir las basílicas romanas en templos cristianos y de no saber cómo hacer lo mismo que ya habían hecho lo romanos); alquimia como carcajada de la química; códices y más códices con sublimes miniaturas...
¡Y los apologetas modernos vienen en tromba a magnificar estos logros culturales, justificando indirectamente el arrumbamiento de culturas previas y la esquilmación de talentos!
La inmensidad del pensamiento griego produce escalofríos. Por interés de la creencia cristiana, sólo ha trascendido el pensamiento filosófico junto a un arte que, por aséptico o interés humanista, el cristianismo consintió.
Sin embargo tanto mayor y de más importancia histórica hubiese sido el pensamiento científico desarrollado por los griegos, el naturalista, el de la medicina, etc. si el fanatismo no lo hubiese hundido en el piélago de la nada: el cristianismo provocó un retraso de más de mil quinientos años en el desarrollo científico de Occidente.

No podemos afirmar rotundamente porque lo prohibiese, no. Simplemente porque arruinó las bases sustentadoras. El fundamento de todo el saber debía sustentarse en la Biblia o en su "no contradicción".
Dejamos al prurito cultural del lector el interesarse por personajes tan grandes como Euclides el matemático geómetra, Aristarco de Samos en astronomía, Arquímedes de Siracusa como físico, mecánico y estratega, Gerón como impulsor de las ciencias, Timócrates en astronomía, Hiparco de Nicea como astrónomo y geógrafo práctico, Teofrasto el naturalista, Herófilo (1) el neurocientífico, Hetisístrato en medicina... y tantos otros científicos menores cuyo nombre no ha trascendido.
Los fanáticos consideraron que ni ellos ni escuela profana alguna, como la de Alejandría, tenían cabida en el mundo nuevo que nacía alumbrado por sol del cristianismo.
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(1)No queremos dejar en el olvido por desinterés la enorme importancia que, por ejemplo, para la medicina hubiera tenido seguir las investigaciones de Herófilo: realizó estudios sobre cerebros disecados, descubrió el funcionamiento de las meninges, trazó una primitiva distinción entre sistema nervioso y espinal, halló la diferencia entre venas y arterias, proporcionó un elemento de diagnosis midiendo la fiebre mediante el pulso, bautizó al duodeno y puso los cimientos de la obstetricia.
¿Tiempos oscuros y primitivos para la ciencia aquellos de los griegos? Realmente los tiempos oscuros comenzaron cuando un tal Pablo de Tarso “cayó del caballo”. Cegado, por supuesto.