Lo que enseña un "blog": razones que esgrimen para creer (1/2)
El escepticismo nos lleva a decir que sí, lo son para ellos, urgidos por la necesidad de mantener creencias hechas vida durante muchos años; pero no lo son para quienes las han pasado por el tamiz de la duda. Y más todavía después de haber uno defendido las mismas y después de haber visto la poca consistencia que las asiste.
He dedicado horas recopilando comentarios, copiando, borrando, pegando, expurgando, deduciendo... Habría material para llenar muchos artículos, pero el cansancio y la perentoriedad aconseja, con Gracián, pecar más de breve que de prolijo.
No se trata de argumentos "per se", al dictado de cualquier Tomás de Aquino o Anselmo de Canterbury que pasara a su lado tratando de probar que Dios existe: son "razones" esgrimidas primero para convencerse a sí mismos de la necesidad, bondad y urgencia de aceptar a Dios y adorarlo y, luego, para rechazar posturas racionales y actitudes de la gente normal que huye de la credulidad.
Razones, por lo que a ellos les afecta, para afirmarse más en la necesidad de aceptar a un Dios que necesita --¿pueden caer en la cuenta de este dato?-- de tan enorme tinglado de templos y ritos, todos "necesarios" para su adoración. ¡Dios está en todas partes y el rito personal bajo la sombra de una encina posiblemente le agrade más que los toros y carneros sacrificados en el ara del altar yahvesiano!
1) Siempre el argumento "ad hominem" aparece por doquier. El vulgo lo traduce por un "más lo eres tú". Es un argumento que, en primera impresión, es impactante y seduce. Arguyen que si las religiones tienden al dogmatismo, quizá más dogmático sea quien las combate. Que aquellos que combaten la religión terminan en la tiranía e incluso en la vesania asesina. Y tienen razón cuando observamos regímenes tiranos como los sufridos en el siglo XX. Ahora bien, las personas normales que no añaden a su normalidad la creencia sino lo que les es propio, su razón, no son así: combaten los credos con la información y la deducción. Y si no convencen no es porque no tengan elementos para ello sino porque topan con actitudes crédulas imposibles de desmontar.
2) Si el primer argumento no sirve, apelan a otro, el "argumento de autoridad". "No es posible que tantos y tantos que han dedicado su vida a explicitar su fe estén equivocados". Cientos de miles de tratados, apologías, sermones, homilías, libros, poemas... salidos de sesudas mentes dignas del mayor crédito. Teólogos, místicos, ncluso filósofos... No padrecen caer en la cuenta de que el argumento de autoridad sólo sirve para confirmar una verdad previamente establecida, demostrada y aceptada. Como argumento no tiene virtualidad alguna. El valor de la palabra, en determinados aspectos de la vida --la creencia es uno-- es el mismo en el labriego de pocas luces eruditas pero mucha vivencia que en el cirujano de corazón que da testimonio verbal de su fe.
3) Argumento de mayor peso es el relacionado con aquello que afirman de Dios, que es Creador. La "creación" sinónimo de "naturaleza", "mundo", "universo", necesariamente "lleva a Dios". Es el argumento doble de quienes afirman que nada existe sin causa --argumento filosófico que está al alcance de pocos-- o el argumento de que las maravillas del mundo han de tener un "hacedor" a su altura. O lo que es lo mismo, la observación de las Cataratas de Iguazú, el atardecer en Cabo San Vicente, la complejidad de un ocelo... afectan de tal manera a la emoción estética que obligan a la trascendencia. Puede ser que al creyente le sirva, pero superado ese estadio "crédulo", uno puede pensar que la naturaleza misma es "dios" --quaestio de verbis--, que la evolución explica la complejidad de lo que ahora es... Y si eso es aún pequeña explicación, muchos nos quedamos en la simple expectación a la espera de de razones que ahora no tenemos, sin necesidad de apelar a la trascendencia. Y no nos quedamos en ayunas de nada, de razón ni de emoción. Sentimos lo mismo, quizá más porque vemos sólo lo que vemos.