Tienen las sociedades avanzadas, cuyo modelo se puede entrever en la naciente Europa, mejor preparación que las demás contra los embates de la creencia.
No es logro fundamental el haber alejado de sus "cartas magnas" el concepto de "hijos de Dios", sino el disponer de la vacuna contra movimientos integristas que arponean sus fronteras con el descaro de quien cree estar, no ya en posesión, sino poseído por la verdad.
Todo intento de imponer criterios fideístas, se enfrenta, al fin, al rechazo social y tiene contestación inmediata.
Tómese como síntoma lo que vemos en España: incluso cualquier juicio aparentemente equilibrado y justo que proceda de la jerarquía, es visto con suspicacia y considerado con lupa: generalmente, tras el perifollo de las hojas, no hay más que lugares comunes, tópicos y aletas para nadar entre varias aguas