Las herramientas y los mitos.

Todo lo que ha construido el hombre se puede englobar en el apartado “herramientas”, ya absolutamente necesarias para poder desenvolverse en su hábitat y que, en conjunto, forman lo que se denomina “cultura y técnica”.
Sin embargo “parece” que el hombre también necesita, con el conocimiento necesario para fabricarlas, las teorías y los mitos precedentes o subsecuentes a ellas, dado que la adquisición de una herramienta no le satisface plenamente y busca todavía más.
¿Parece? Teorías y mitos vendrían a ser la imaginación que sigue a cualquier descubrimiento, el "qué hay más allá".
Hasta ahora ha sido así, pero también podría ser cierto que con el conocimiento de lo real y el conocimiento de lo posible, le bastaría al hombre para ser feliz, con lo que teorías y, sobre todo, mitos, quedarían arrinconados en una época pasada y periclitada.
Alguna teoría histórica dice que las herramientas hicieron al hombre. Puede ser cierto.
Pero durante mucho tiempo el hombre se contentó con las herramientas que tenía y se dedicó a recorrer el camino de la imbecilidad. Y de la especulación cayó en la depravación: guerras, miserias, postración, utilización de los demás...
Esperemos que retorne a la búsqueda de nuevas herramientas: nacerá una nueva época, una nueva era industrial, una nueva ciencia y una nueva tecnología.
Muchos creemos que ha empezado ya, a pesar de los energúmenos de lo antiguo, fundamentalistas de la fe o de la filosofía.
Y decimos que ha empezado ya precisamente por el hecho a la vez real, simbólico y significativo de lo que sucedió a escala mundial con la famosa "guerra preventiva" de Iraq.
La guerra ha sido siempre igual: el puñetazo del niño airado contra el que le ha quitado los cromos.
Lo otro, lo que sucede entre bastidores, en el mundo, en las calles, es nuevo: el NO radical a la solución del puñetazo.
Es alentador y significativo haber constatado la marejada mundial en contra de métodos periclitados que recurren a la guerra como medio de salvación.
No hay referencia histórica de lo que sucedió: las masas negándose a ser utilizadas y diciendo “no a la guerra”. El mundo al revés: los dirigentes de vuelven imbéciles y son las masas las que les encierran en el nosocomio de su propia imbecilidad.
Y como espectador obnubilado, el mundo de las creencias se encontró dividido: la Iglesia católica, más perspicaz y atenta siempre al “signo de los tiempos”, se alió con quienes gritaban “no”; el mundo islámico, el agredido, tornó a sus dioses en demanda de ayuda e hizo restallar el látigo de la guerra santa. Es el pasado en esencia pura.