El misterio del misticismo.


Según dicen los tratadistas, el misticismo en Occidente diverge en cinco direcciones, atendiendo al “objeto” de la vivencia sacra:

--misticismo negativo, apofático, extasiado ante lo incognoscible;

-- misticismo ascético o centrado en la Pasión del Señor;

--misticismo centrado en el amor (el músculo cardiaco como símbolo);

--misticismo especulativo de pura contemplación de la salvación;

--misticismo eucarístico, abrasado por el fuego que emana del sagrario.


Hoy día, excepto en círculos religiosos sumamente enclaustrados, "no parece" que haya corrientes espiritualistas que vayan en la dirección del misticismo. Sin embargo es tan abundante la literatura religiosa --y de tan alto nivel literario-- que preciso sería que alguien con más autoridad que la nuestra pusiera las cosas en su sitio. Misticismo y psiquiatría, por poner un título.

Esta que dicen "experiencia" religiosa la más profunda, el misticismo, dicen que es un efecto de la gracia divina y tiene su origen más directo en Dios.

Como tal --dicen los que lo han "padecido"-- resulta inexplicable, por más que traten de hacérnoslo llegar sanjuanes de la cruz o santas teresas y teresitas, bernardinos, osunas, fonsecas y miguelesdemolinos, que tanto se han extendido en verborrea divina para explicitarlo. Verborrea de la que la Historia de la Literatura se siente agradecida.

¿Cómo decir, a estas alturas de la historia y de la vida de cada uno, que hay mucho subproducto psicológico y psiquiátrico en todo eso?

Habría que gritarles una vez más, porque la simple voz no bastaría, que todo ello es un subproducto, también "más", de la fe, nada de "relaciones personales excepcionales con Dios". De la fe, decimos, pero la fe como interiorización subjetiva de la creencia.

Una fe que, si no fuera ofensivo para quien así lo oiga, podría derivarse de experiencias sexológicas o alucinaciones drogodependientes. ¡Cuánto de ello hemos visto --la otra mirada que no admiten los crédulos que por aquí divagan-- en las experiencias de Teresa de Jesús o de Margarita de Alacoque, por poner sólo dos ejemplos! Una fe que provoca, con sus prácticas ascéticas, una verdadera “anoxia” neurológica.

Y sin entrar en especificaciones particularistas, una fe que es fruto o quizá una perturbación, de la actividad cerebral. Una más también provocada por la creencia más cerrada.

Hay otra consideración del misticismo del pasado, ésta a favor, y es su concordancia cierta con el pensamiento religioso y filosófico oriental (budismo, nirvana, zen, yoga, incluso el sufismo islamista). El misticismo, en su relación con un orientalismo que durante años ha subyugado a tantas mentes inquietas de nuestro occidente tecnócrata.

Aunque podrían haber constituido, dentro del cristianismo, una corriente unificadora y vivificadora, todo quedó truncado por el soberbio aparato eclesiástico cuya maquinaria, bien engrasada --y bien engranada con el poder político--, funcionaba a pleno rendimiento en los siglos de su mayor esplendor, siglos XII a XVII. El misticismo es excesivamente libre y libertario. Por lo tanto peligroso.

Dígase, de todas formas, que aquello que es común a las distintas religiones no procede de un “Dios” común a ellas, sino de lo que es común a “todos”, el hombre. Lo admitan o no, así es y así lo ve cualquier mente desafecta de credulidades cerriles.
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