El mundo ha cambiado, pero sus dirigentes no.

OCASIONES DE CAMBIO.-
Se están perdiendo ocasiones de oro para cambiar el mundo.
Al mal sólo lo puede vencer el bien. Acumulando basura de males no brotarán frutos de benevolencia, magnanimidad o generosidad, sino odio, resentimiento y deseos de venganza... ¡y los dedos de la venganza son muy largos!
El mal se instala en las personas y no es matando a la persona como desaparece, sino eliminando de la memoria --la memoria de los estómagos y la memoria de las conciencias-- las causas que lo provocaron.
El miedo engendra el mal, miedo provocado casi siempre por quienes quieren desterrar el mal del mundo, pero que a su vez, con las medidas que toman para erradicarlo, sólo consiguen hacer acopio de más miedo, el que generan y el que temen.
USAMÉRICA.-
Estos pensamientos están teñidos de la honda tristeza y desesperanza que genera el recuerdo del mayor acontecimiento siniestro ocurrido en el "país de la creencia a flor de piel", Estados Unidos.
Torres, aviones, poder económico, "Geminis", Babel... Todo lo han teñido con tintes simbólicos, ¡pero una persona que muere nunca es un símbolo!
Este país tiene capacidad sobrada para torcer el rumbo de la historia, pero sigue castrado por la creencia que genera con profusión doctrinas de lo más variopinto.
Este país podría hacer de la justicia bandera de progreso, pero la justicia parece estar reñida con la rapiña
Podría equilibrar el mundo si no tuviera lastrada la mente social por los mismos complejos psicológicos que cualquier fanático.
Podría instaurar una nueva "pax romana" sólo con proclamar un "no" rotundo a cualquier guerra, sea donde sea y la libre quien la libre...
Está perdiendo demasiadas ocasiones de ser en la historia el Imperio que torció el mundo.
Tiene "país" pero no tiene ni "pueblo" ni, sobre todo, "dirigentes" a la altura de su misión.
Siguen siendo "el villorrio" medieval con miedo de ser ciudad del Renacimiento. Y mantiene las mismas pautas de sus ancestros fanáticos: "Yo tengo a Dios de mi parte y "mía es la venganza".
De tanto confiar en Dios, no se han dado cuenta de que son hombres.