No sé qué clase de irracionalidad ven los creyentes en el azar, el destino, la casualidad, la no-causalidad del universo.
O en otras palabras, en que yo piense que “
en la naturaleza subsiste, frente a ‘lo de siempre’, sólo aquello que es capaz de resolver mejor los problemas”. Sólo los individuos mejor dotados, que no los más fuertes, sobreviven.
Quizá el único problema está en que todavía no conocemos los mecanismos y porqués del cambio y, por el contrario, las leyes que nosotros elaboramos o deducimos sí las conocemos.
Pero ¿qué es antes, la ley o el funcionamiento de las cosas? El “
Origen de las especies” da cuenta de lo que hay; la doctrina de
la creación, cuasi dogmática ella, da cuenta de cómo hubiéramos querido que fuesen las cosas. Ni siquiera eso: cuentos.