El porqué y el paraqué de una creación innecesaria y absurda.

Como decía no sé quién "La voz de la razón es suave", pero es muy persistente(Die Stimme der Vernunft ist leise). Cuando la razón se pone pesada, no para.
Y cae como ramalazos de pensamiento sobre lo primerizo de la fe, sobre la sustancia que sustenta todo, sobre el quid en que se funda todo lo que después vino: del "creo en Dios" surgen las catedrales, la inquisción, el santo cura de Ars, la cuentas corrientes del Opus en New York, Cáritas, las Cruzadas, el Sacro Imperio, las guerras de religión y las sectas.
Y la razón se pone a escudriñar para entresacar de toda la hojarasca lo que subyace como cimiento de toda esa monumental actividad humana. Por más que lo traten de explicar, siempre queda flotando un pensamiento martilleante indomable e irreductible: ahí está la creencia en Dios. ¿Pero un dios "antes" o "después"? ¿Un dios exento o un dios ligado al hombre? ¿Se puede concebir un dios, unos dioses, independientes de los hombres? ¿Habría Dios si no hubiera hombres?
No nos desviemos del pensamiento que hoy nos guía, que dicho con brevedad y sin tantos rodeos no es otro que éste: nadie con dos dedos de frente puede creer que un Dios omnipotente y “omnitodo” sintiera la “necesidad” --porque en él todo es necesario-- de crear un mundo y poblarlo de humanos que lo alaben.
O, de otro modo anticipando conclusiones, los hombres, en su fuero interno y en la naturaleza, ven lo que ven y sienten lo que sienten; "crean" un dios a su imagen y semejanza; lo revisten de unas características concretas... ¡Pues precisamente esas características contradicen lo que previamente han dicho que hizo!
Todo este paréntesis inicial responde a una cuestión que podría parecer de "perogrullo", de cajón: ¿podríamos ver las cosas bajo el punto de vista de Dios? Es cambiar el punto de partida. Se parte de "ya que estamos aquí, vamos a buscar un motivo, un sentido a esta existencia". Cambiemos: vamos a ver las cosas desde "yo soy Dios y quiero crear al hombre".
Quien esto leyere póngase en el lugar del que lo piensa y no trate de vulgarizar el asunto y contrarreplicar con argumentaciones sacadas de la misma doctrina que se trata de demostrar (tautología).
¿Para qué necesitaba crear ese mundo? ¿Para su glorificación? ¿Necesita Dios ser glorificado? ¿Por el hombre? Y en ese caso y según dicen casi todas las religiones (¡de dónde lo sacarán!), ¿no tenía ya toda una corte y cohorte de ángeles –conformados en ¡nueve! clases diferentes— para atender a su enaltecimiento?
¿Qué le añadía dicha creación? ¿Lo hizo por vanidad? ¿Para demostrar no se sabe qué?? “Voy a crear una serie de animalillos que me alaben y glorifiquen, pero a la vez se peleen unos contra otros tratando de imponer sus propias ideas de lo que yo soy: así me lo paso bien”, ésa es la impresión que se deduce del “minuto anterior a la creación”.
De nuevo: ¿lo hizo para que alguien viera que era y es omnipotente? Pero, omnipotencia ¿ante quién, si sólo existía él? ¿Ante los futuros hombres? ¿O tendremos que deducir que Dios tiene, entre los billones de estrellas, algún planeta con seres dotados --por él-- de alma pensante, laudante y doliente donde le alaban mejor que nosotros?
¿Y no sabía o al menos imaginaba que dichos hombres le iban a dar la espalda? ¿No imaginaba que dichos hombres –hasta donde sabemos— pasarían una gran parte de su existencia evolutiva sin conocerle?
Si el hombre tiene una existencia terrestre como animal racional de ochocientos, quinientos, trescientos, cien mil años –dependiendo de qué se considere humano--, ¿cómo es posible pensar que Dios dejara de “ser alabado como tal” por lo menos durante noventa mil años? ¿O que la humanidad, ¡teniendo toda una revelación a su alcance!, tardara tanto tiempo en descubrir el modo verdadero de alabarle --la verdadera religión--? [Una constatación: dos mil años dentro de la evolución de la humanidad no son nada, apenas dos o tres minutos en la vida de una persona que llegue a los 90 años]
¿Creó al hombre para mostrar su bondad? ¿Y para eso dejó que la peste, el hambre, las epidemias, las catástrofes se hartaran de vidas humanas durante siglos, aún después de haber redimido a la humanidad con la muerte de su propio hijo? ¿Y para eso consintió Auschwitz, Siberia, Ruanda y Camboya...? ¿Y para eso deja morir a tantos niños de hambre?
¿Lo hizo, como Padre, para tener que demostrar que tenía un Hijo con el cual se comunicaba por medio de un Espíritu y al cual condenó a muerte para salvar no se sabe de qué a unos hombres que dicen ser también sus hijos y que luego seguirían igual de malos que antes?
¿Para sentir también él qué cosa es ésa del sufrimiento al ver cómo lo mataban?
En definitiva, y volviendo a la pregunta primera: ¿para qué necesitaba Dios crear el mundo?
Después de buscar la respuesta, que siempre son respuestas de respuestas, la conclusión más lógica, la que se impone, la que responde a todas las preguntas es ésta: ¡Dios no ha creado nada! Y no ha creado nada --segunda conclusión-- porque Dios, ese Dios “consenso universal de creencias”, no tiene otra consistencia que “ésa”, uniformidad de creencias asentidas!