Tu pensamiento tiene el mismo valor


Cuando se habla de fe, de creer, hasta el más romo de los creyentes percibe que no se trata sólo de un sentimiento, sino también de dar asentimiento a algo, unas verdades, que constituyen el elemento racional de la creencia.

Pero dado que la creencia ha de someter la razón, es aquí donde el conflicto adquiere tintes burlescos, porque algunos admiten lo que admiten, creen lo que les viene en gana, prescinden de lo que no les conviene y lo pasan todo por el pasapuré de su propia razón:

Sí, yo creo, pero por ahí no paso”.


Lo mezclan todo y echan en el mismo saco curas, procesiones, edificios; pero luego pasan a la confesión, al culto desmadrado a la virgen, a la resurrección de “tó Cristo”; privan de valor dogmas como la infalibilidad del papa, reniegan del culto a los muertos, ignoran los mandamientos de la Iglesia, despotrican contra las indulgencias, peroran contra el poder temporal de la Iglesia; y a partir de ahí caen por tierra gracia santificante, sacramentos, transustanciación, etc.

¿En qué queda su religiosidad católica? Quizá en un pseudopanteísmo informe, que no se distingue en nada del "sentimiento hacia lo numinoso", en el cual quieren ver a Dios. Y siguen siendo católicos y comulgan por Pascua florida y de vez en cuando elevan el corazón a Dios para pedirle "un" mercedes y encomiendan sus asuntos a la Virgen del Barrio Barrido.

Si esto que oímos a algunos que dicen seguir creyendo en Dios lo retrotraemos a tiempos pasados, nos encontramos con filósofos como Blas Pascal que hacen verdaderos equilibrios entre credo y pensamiento.

Son los equilibrios del filósofo por seguir viviendo, en el sentido más estricto de la palabra:
Es el corazón quien siente a Dios, no la razón. Esto es la fe: Dios sensible al corazón, no a la razón... Todo nuestro razonamiento se reduce a ceder al sentimiento... Sería preciso tener a mano un regla; la razón la ofrece, pero ella es dócil en todos sentidos, y así es como nada.


¡Si Pascal lo dice...! No se entiende cómo pueda conjugar las frases anteriores con eso de:
El hombre está visiblemente construido para pensar: esto es toda su dignidad...
o aquella otra sentencia:
Toda la dignidad del hombre está en el pensamiento.

Incongruencias como ésta me confirman en que mis propias opiniones, que piensan lo que otros han dicho --o las tuyas que esto lees y hasta criticas-- tienen la misma entidad y categoría que las de quienes brillan en el candelero de la historia con afirmaciones categóricas que luego han resultado deleznables.
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