Los perdones de la Iglesia (1/5)


A propósito de la demanda de perdónde "un tal Blázquez".

Parece que la nueva sinergia que anima a los "pastores gregis" es la de pedir perdón.

Volvamos al jerarca que abrió la veda y señaló el camino, JP2 de tan excelsa memoria para unos y de tan turística singladura para otros.

Petición de perdón, ¿para qué?.- Una de las virtudes que “adornaron” al Jerarca Blanco, al decir de sus panegiristas, es haber tenido la valentía de haber pedido perdón por el pasado más negro de la Iglesia.

Dicho así, hasta se podría creer. Pero leyendo sus declaraciones, mucho camino le quedaría por recorrer hasta entender que reconoce culpa en el actuar pretérito de la Iglesia.

Y más todavía dar por supuesto que en las mismas circunstancias y condiciones la Iglesia no volvería a actuar de la misma manera, aunque JP-2 renegara en nombre de la Iglesia de tales conductas y comportamientos, individuales o eclesiales.

¡Y mucho menos que tal petición de perdón fuera a generar consecuencias restitutorias!

La Historia no se cambia con perdones.- Si lo que pretendió el Jerarca Blanco, y ahora a su dictado "un tal Blázquez", fue entrar en el III Milenio y en el reino de los semidioses santificados sin el peso de la culpa, ni lo ha logrado ni lo logrará. Porque

1º. La historia no se rectifica con perdones.

2º. El perdón histórico no es retroactivo ni tiene vuelta atrás. Esto lo deberían entender también los "memoriantes leguleyos" de nuestro solar patrio.

3º. Nadie se va a sentir concernido por la petición de perdón, porque ningún agraviado va a regresar de su inmerecido descanso a recabar desagravios.

Por ello, si es a mí a quien demandan clemencia por extravíos pasados, podría responder: ¿Qué responsabilidad tengo yo, miserable pecador del siglo XX/XXI, en que España colonizara América, la inundara de virus letales y pervirtiera a los indígenas con creencias extravagantes, si, por otra parte, pienso lo mismo que los masacrados? No me pidan perdón a mí y examinen seriamente si el brindis al sol sirve para algo más que para hacer el ridículo ante los historiadores.

Perdones interesados. Al demandar indulgencia, presuponen finalidades penitenciales, ecuménicas y misioneras.

a) Respecto al propósito penitencial, defender que la Iglesia es santa y a la vez pecadora es, como todo en la creencia, gratuito o cuando menos una “contradictio in terminis” letal.

b) Pretender que, por medio de estos montajes, el protestantismo --es un suponer-- va a caer a sus pies con armas y bagajes o algún budista despistado va a integrar las huestes cristianas es desconocer los mecanismos de la creencia o ir en contra del psiquismo.

c) Y el afán misionero no se ve por ninguna parte, dado que tales peticiones de perdón son obra de despacho o mensaje para quienes, digan lo que digan JP2, B16 o "un tal Blázquez", sus fieles, súbditos o prosélitos están predispuestos a creerle todo.
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