Parece, aunque tal afirmación la discutan los interesados, que las creencias tienen más arraigo entre la población agrícola que la urbana, entre personas de baja condición económica y cultural que de condición media y alta, entre personas de bajo nivel de estudios que entre científicos.
Se discuta o no, es un hecho sociológico si aplicamos la estadística a la sociología de las creencias. Desde luego, de ninguna manera supone descalificación de las personas.
De eso se aprovechan las castas clericales para poner el "acento salvador" y santificador en la pobreza, en la pequeñez, en la dependencia, en la aceptación de los males, retorciendo situaciones y creando círculos viciosos.
Una sociedad culta y sana, aunque esté empobrecida, tendrá coraje suficiente para salir del nivel de pobreza y afrontar el reto de la educación, la cultura y el bienestar. Una sociedad crédula dará por supuesto que eso es lo normal, "designio de Dios".
Cuando la sociedad prescinde de creencias para progresar, la religión recula, si antes no ha sido sacudida por los ramalazos de la ira popular.