El poder de los prejuicios inducidos.

Para aquilatar hasta qué punto el Occidente crisitiano y su mentora la Iglesia han sido capaces de apuntalar firmemente prejuicios mentales en sus prosélitos, fieles crédulos o no, examínense las afirmaciones que siguen sin saber su autoría.
Son afirmaciones que cualquiera opuesto a los credos puede suscribir, pero...
Antes de decir de dónde proceden, juzgue su veracidad aquél que se atreve a pensar por su cuenta, aquél para quien el sentido común es criterio de actuación, sin entrar siquiera en el pensamiento filosófico de los últimos siglos que podría inspirar su contenido:
La fe en Dios, la inmortalidad del alma, la salvación de la persona, el juicio final, la predestinación, son hechos sobre los que la ciencia no puede decir nada.
Si algo tuviera que decir, sería para negarlos por no ser demostrables.
La fe religiosa es insostenible bajo presupuestos filosóficos, históricos y científicos.
Muchos “estados religiosos” son estados específicamente psicológicos.
La imagen del mundo, después de los avances de las ciencias naturales, no se puede sostener bajo presupuesto religiosos.
La historia demuestra cómo la religión siempre ha tenido un comportamiento reaccionario frente a los progresos de la sociedad y de la ciencia.
La ciencia prescinde de las creencias y gracias a eso han progresado la ética, la etnografía, la sociología, la medicina, etc.
La conciencia religiosa debiera someterse también al estudio y al método científico.
Cualquier persona razonante podría rubricar tales afirmaciones.
Y es aquí donde intervienen los prejuicios con su labor de filtro y de valla.
Tales afirmaciones emanan del Instituto del Ateísmo Científico de la Academia de las Ciencias Sociales de la URSS.
¡Sobresalto! Ya cambió la apreciación del occidental, que rechaza todo lo que tenga que ver con el comunismo.
Somos muchos los que rechazamos el comunismo como la más grande aberración política que parieron los siglos y echó raíces en nuestro pasado siglo XX...
Pero asimismo sostenemos que las ideas siempre son válidas vengan de donde vinieren. Y por lo mismo siempre diremos que no se debe juzgar el contenido de una carta por el cartero que la distribuye.