La religión ofrece evidencias para creer (A.T. 1/3)

Lo diga expresamente o no, y para no someter a los hombres a la prueba dura y continua de tener que creer todo “porque sí” la religión trata de mostrar “evidencias” de Dios.
Unas a través de “la naturaleza”; otras por el sentimiento interno o convicción generalizada de que “hay algo” ahí; otras apelando a la “evidencia” de que Dios ha hablado al hombre, se ha revelado.
Nos quedamos de momento en el Antiguo Testamento como revelación de Dios.
Dicen que en ocasiones muy especiales la voluntad divina se dio a conocer a los hombres por el contacto directo de algunos escogidos con él. Y no sólo ha sucedido dentro de la religión “verdadera”, también en las “falsas”. Esto siempre sucedió “en un principio”. Que si no estaba lo suficientemente alejado, lo alejaban ellos más todavía. Veamos casos y objeciones:
1. Dicha revelación puede ser “continuada”, es decir, realizada en diferentes momentos, lugares, personas, profetas... Cuando esto sucede se da la paradoja de que muchos de esos testimonios se contradicen entre sí.
2. En el cristianismo sucede que las revelaciones primeras no tenían valor sino en función de otra que iba a venir, la definitiva, la de Cristo.
3. Hay otros casos en que la revelación es única, decisiva y categórica, pero hecha a un personaje indefinido, donde la más leve insinuación se convierte en ley universal.
4. Se constata cómo el Todopoderoso tiene una rara propensión a revelarse sólo a personajes analfabetos.
5. Asimismo se constata que muchos de estos personajes gozan de una dudosa autenticidad histórica.
6. Del mismo modo, es curioso cómo la mayor parte de las revelaciones que todavía hoy se mantienen proceden de regiones de Oriente Próximo que son y eran desiertos, regiones donde en otro tiempo proliferó el culto a ídolos, donde campaba a sus anchas la superstición y, en casos frecuentes y constatados, ya preexistían “revelaciones” anteriores.
Dando por supuesto que Dios es único y dado que muchas de esas revelaciones se contradicen, habrá que suponer de algunas de ellas son falsas o que sólo una de ellas es auténtica. ¿Cuál?
Añádase que muchas de estas revelaciones han supuesto guerras crueles y cruentas para imponer la verdad a los demás.
Todo lo dicho, como puede entenderse, está referido a las tres religiones “de libro”, monoteístas --Judaísmo, Cristianismo, Islamismo--, todas con antepasados comunes, todas con tendencia al mutuo exterminio, donde los peor parados han sido precisamente los que primero recibieron la revelación, los judíos. ¡Vaya mérito el suyo! Y el personaje principal, en el que ninguna de ellas coincide, Jesús.
Coinciden en el acto fundacional, la reunión que mantuvieron Moisés y Dios en el monte Sinaí, con la entrega del Decálogo. Bien sabemos, y aquí lo hemos citado, cómo tergiversó el cristianismo dicho Decálogo.
Si se leen con atención las diez admoniciones, con los añadidos que luego se dan, no se encontrará prueba más contundente de que la religión es un producto a la medida del hombre:
1. Cómo, al igual que el emperador babilónico o asirio, el incumplimiento conlleva castigos terribles ¡que se extienden a la 3ª y 4ª generación! (Por cierto, ¿el sentido de la justicia, del que Dios es el máximo garante, dónde queda?)
2. Prohíbe expresamente actos que cualquier persona en su sano juicio no cometería (crimen, adulterio, robo, perjurio...) ¿Es que hasta entonces eran práctica corriente?
3. Llega a condenar hasta los pensamientos impuros, que ya es condenar.
4. En una sociedad tan machista, la esposa entra en el mismo lote que los bienes animales, esclavos o materiales.
5. Pide un imposible, cual es contemplar, desear o admirar los bienes ajenos. Podría suponer que la envidia de tales bienes es buena, porque suscita emulación y podría ser un estímulo para trabajar, para tener ambición...
6. Por otra parte, si Dios quiso todo eso, ¿por qué no hizo que la gente que dormitaba a las faldas del Sinaí no cambiase de mentalidad? ¿Por qué no transformó, inventó o creó en ese momento una especie humana distinta?
7. Pero lo que mueve verdaderamente a risa es lo que sucede después de tal reunión: bien lo deben estar lamentado –en el infierno, claro está— los 3.000 masacrados ese día a manos de los siervos de Leví, culpables de que un tesoro tan preciado, las tablas de la Ley, terminaran hechas pedazos. ¡Vaya personaje el tal Moisés, que después de hablar cara a cara con Dios, se deja llevar por la ira hasta extremos asesinos!
Pero si evidentes son las contradicciones viendo lo que las revelaciones de Dios en el Sinaí dicen, más evidentes son las carencias al caer en la cuenta de lo que no dicen. Añadamos que si eran revelaciones de Dios a los hombres, carecerían de toda encarnación temporal:
1. Nada dice de la protección de los niños ante la crueldad, los abusos, etc. ¡Y vaya si se dieron y se siguieron produciendo!
2. Tampoco dice nada sobre la esclavitud o el genocidio. Es más, hasta los justifica y los alienta.
3. De ello se puede deducir que Dios prescribe actos inhumanos del más hondo calado: asesinar, masacrar...
4. Dicta normas para comprar o vender esclavos. No aboga contra ello.
5. Asimismo impone reglas sobre cómo se han de vender las hijas. No lo prohibe, lo regula.
6. Reglamenta la venganza y cómo debe ser ésta: “Vida por vida...”.
7. Nada dice de lo que podrían sentir los cananeos, jivitas, hititas... exterminados o a exterminar. ¿No eran ellos también hijos de Dios?. El conflicto palestino en su más pura esencia.
8. “A la hechicera no la dejarás con vida”. Significativo. Y los cristianos siguieron pensando lo mismo...
Es un consuelo saber hoy día que todo esto son mitos y que no contienen verdad alguna. Un alivio.