La religión también sigue los principios de la evolución.

Según Darwin uno de los principios por los que se rige la evolución es la “selección natural”. Lo que es efectivo para la supervivencia, para la elección de la pareja reproductora, lo que mejora las cualidades para la caza y la alimentación, en general todo lo que ayuda a la especie, pervive y se transmite. Dichas cualidades se convierten en genes dominantes.
Asimismo rige también en la evolución el “principio de economía”: elimina lo superfluo, lo que no sirve, lo que no aporta nada. Es el utilitarismo de la naturaleza. En la lucha por la vida sobreviven los más fuertes, los mejor adaptados, los que saben esconderse mejor, los más rápidos... Y éstos son los que transmiten los genes. En sus palabras:
“...la selección natural está escrutando cada día y a cada hora, por todo el mundo, cada variación, incluso la más ligera; rechazando lo que es malo, preservando y aumentando lo que es bueno; trabajando silenciosa e imperceptiblemente, donde y cuando se ofrece una oportunidad, para la mejora de cada ser orgánico”.
Es un hecho que la religión ha impregnado la cultura de casi toda la humanidad. ¿Podemos encuadrar la religión en este proceso evolutivo? ¿Han ayudado las creencias a la supervivencia del hombre? ¿Ha evolucionado ella también según el imperativo de las leyes naturales? Si es así, ¿cómo encuadrar la religión en dicho proceso? En otras palabras, ¿qué imperativos naturales llevaron a los hombres a admitir la religión como algo beneficioso para la especie humana?
Así por encima parece que la religión proporciona a mucha gente consuelo y en cierto modo sosiego y equilibrio mental. Asimismo, la religión es un factor de cohesión social, gracias a la cual la especie humana ha sabido defenderse mejor de las agresiones naturales. Por otra parte, parece que la religión da cierta satisfacción intelectual, en el sentido de que satisface el anhelo y la necesidad de saber por qué estamos aquí, sufrimos, amamos y cierto porqué de los fenómenos naturales.
Pero, por otra parte, también decimos que la evolución tiende a desechar lo superfluo, lo que sirve para poco o para nada y castiga el derroche de tiempo y energía. La religión, que en un principio pudo satisfacer ciertas necesidades, ha “evolucionado” hacia estructuras y comportamientos absolutamente derrochadores.
Pensemos en las basílicas, catedrales, iglesias y conventos. Cientos, miles trabajando para algo que no serviría para ser vivienda y protección de nadie, a veces durante siglos, consumiendo ingentes cantidades de dinero generado con el sudor de sus laboriosos fieles.
Dicen que para gloria de Dios y otras razones varias. Falso de toda falsedad. Primera razón, desde el punto de vista de lo que dicen que es Dios, ¿necesita catedrales? Y si es porque los hombres... ¿Realmente necesitaban los fieles tanta parafernalia? Colas de pavo real que no atraen a ninguna hembra porque las catedrales se consumen en sí mismas. Ya, lo sabemos: una ciudad era más ciudad si tenía una catedral más grande, más esplendorosa y más rica que la ciudad vecina.
Un enorme dispendio de riqueza, de tiempo, de energía. La religión ha sido la gran devoradora de recursos, siempre en una escala masiva en personas y recursos.
En el orden artístico, durante muchos siglos la religión ha monopolizado las artes en una proporción “desproporcionada” entre lo generado para la sociedad civil y la Iglesia. Talentos gastados en pintar, en labrar, en musicar leyendas y cuentos sagrados.
En otro orden de cosas, la religión en todo tiempo y lugar ha puesto en peligro la misma vida de sus fieles. Las ideas religiosas en nada han ayudado al progreso de la especie humana. Al revés. ¡Cuántas personas han muerto por defender sus creencias! Sin llegar al extremo de perder la vida, ¡cuántas sociedades han sido sojuzgadas por credos interesados! Han muerto por sus dioses y han matado por ellos, dioses que pasado el tiempo han desaparecido del universo de las sociedades futuras.
Y sus fieles más entregados, a cientos de miles, han llevado vidas escondidas, sórdidas; se han azotado e impuesto “penitencias” hasta sangrar; han desfallecido de inanición voluntaria; han vivido de espaldas a la sociedad; sometidos a reglas y normas antinaturales... No se salva la gran masa férvida por aquellos que han descollado, precisamente por su contribución cultural, pedagógica o del tipo que fuera a la sociedad.
La religión, sí, ha evolucionado... pero en sentido contrario a la natural. Ha evolucionado hacia la extravagancia, hacia la exageración, hacia lo suntuoso, hacia concreciones inservibles. Bueno, algunas de sus realizaciones hoy sirven de hoteles, salas de fiesta o de cultura, aunque otras muchas presentan su esqueleto al sol y a los vientos a la espera de su consunción. Su filosofía, hoy, está muerta; sus edificios son pasillos para tropas, móvil en ristre, que nada saben de lo que aparece en los retablos; su música sirve de relax... Dispendio monumental en su tiempo y absurdo en el actual.