Un "slogan" marxista sacado de contexto.

"La religión es el opio del pueblo". Ésta es la frase de marras que tanto juego propagandístico ha dado entre gente poco dada a pensar y más a ser dirigida... aunque la dirección haya sido hacia el abismo de la aberración, la miseria, la pobreza o la muerte, como es el caso de aquellos países comunistas de infausta y cercanísima memoria.

Karl Marx, a sus 26 años (nació en 1818), claramente influido por Feuerbach escribióContribución a la Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel (1844) donde dice:

"El padecimiento religioso es también la expresión de un padecimiento real y una protesta contra ese padecimiento. La religión es la queja de la criatura oprimida, la sensación de un mundo sin corazón y el alma de un mundo desalmado. Es el opio del pueblo"


Leída la frase en su contexto hasta se podría justificar como defensa de la religión. Y, por otra parte, lo que sí resulta claro es que Marx no escribió este párrafo para burlarse o desdeñar la religión.

A fin de cuentas, ¿cuál es el venero de donde emana el sentimiento religioso? De la insatisfacción humana, del padecimiento, de la angustia, del sinsentido de muchas cosas de la vida, la muerte entre ellas.

Y ahí han estado las religiones como bálsamo frente a la angustia. No es posible echar en el olvido ese su aspecto catárquico, su efecto balsámico: la religión ha suavizado asperezas, ha consolado tristezas, ha dado esperanza... Y eso lo reconoce Carlos Marx.


Ahora bien, ¿se puede fundamentar una esperanza de salvación en quimeras? Éste es el otro aspecto a considerar. Y es lo que fustiga Marx.

Decimos salvación sabiendo que este término es tan polisémico que difícilmente podrán unos y otros ponerse de acuerdo en su significado y alcance. Desde su significado más primigenio --"salvado del naufragio"-- otros entienden "salir de la miseria", "salvar la empresa", "salir de esta depresión que me atenaza"... Y de ahí hasta "salvarse de este mundo", que ya es salvarse.

Salvarse con "dichas ilusorias" no es salvación. Lo que el pueblo llano busca y a lo que aspira es a la dicha real, a la satisfacción personal y familiar, a la creación de una sociedad justa donde cada persona pueda tener el hueco que por dignidad merece.
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