El virus, la gangrena, el cáncer... ¡la secularización!

La entienden los pensadores crédulos como algo “contra”... como un proceso de vuelta... como un desgajamiento de las ramas del tronco común de la creencia que les dio vida...
¿Signos de tal proceso y estado?
Para los crédulos tal secularización no contiene nada positivo, porque remite al hombre a un estado “pre-salvífico”, como si la redención de Cristo o no hubiera tenido el efecto esperado o debiera realizarse de nuevo (ese "recristianizar Europa" de JP-2).
El análisis que hacen del proceso secularizador tiene el sesgo del pelo de la dehesa: sólo se ve según los criterios propios, unilaterales e irreductibles. Dicen:
Comenzó por un deslumbramiento producido por la propia capacidad del hombre para comprender, entender, atender y solucionar sus propios asuntos al margen de recetas seculares entendidas como míticas.
Implica una la amenaza renuente, en la que indefectiblemente cae el hombre, de la sociedad técnico-científica, como panacea universal para solucionar los asuntos de la vida
Implica asimismo una disolución de los valores sagrados;
El mundo de las ideas, de las preocupaciones... se torna materialista;
Así, la única preocupación del hombre, por lo que trabaja y vive, es tener para consumir;
Ese mundo de las ideas y del pensamiento generado se torna babélico;
Hay un cruzamiento real y a la vez convivencia de valores en pugna unos con otros;
Por lo mismo hay una radical imposibilidad de establecer una moralidad objetiva;
La secularización lleva igualmente consigo una dificultad extrema, que a la postre se torna incompatibilidad, para acceder a la verdad por la multiplicidad de interpretaciones.
Evidentemente no podemos estar de acuerdo con este análisis “de parte”. Podríamos decir todo lo contrario y aplicar el mismo diagnóstico al mundo de las creencias. Hagámoslo:
1. ¿Deslumbramiento por las propias capacidades? El hombre ha tomado conciencia de su propia capacidad; ha prescindido de recetas externas, por más que sean vendidas con marchamo sobrenatural. Por poner un precedente, ¿se puede juzgar el Humanismo renacentista de tal manera?
2. Algo de cierto hay en ello, el dejarse embaucar por la sociedad técnico-científica. Sin embargo ya las mismas corrientes de pensamiento precaven contra ello, sin necesidad de recurrir a libros sagrados.
3. ¿Disolución de los valores sagrados? Precisamente de eso se trata, de que la gente comprenda y entienda que los tales ni son sagrados ni son valores. Más bien son consagrados por una casta que quiere pervivir con el cuento de la salvación. Y cuando coinciden con “valores”, éstos no dejan de ser humanos, plenamente humanos. Para hablar de solidaridad, no hace falta pasar primero por la sacristía.
4. ¿Materialismo? Argumento “ad hominem”: lo primero que hizo el párroco al acceder a su nueva parroquia fue pedir el estado de cuentas de la misma; o el otro, que constataba el “resurgir” de la parroquia porque los ingresos por cuenta de cepillo habían crecido. ¿Y es malo que la gente se preocupe por el bienestar material de su familia? ¿Por obtener más ingresos? Precisamente cuando tal sucede, el hombre se torna más “espiritual”: lee más, escucha música “rara”, acude al teatro, a conciertos, discute de temas “no materiales” con los amigos…
5. ¡La moralidad! Siempre el mismo espantajo. ¿Era mejor la doble moralidad de otros tiempos? ¿Es superior la moral de la solterona beata que la del ama de casa que ni tiempo tiene para ella misma? No depende la moralidad de las creencias, en modo alguno.
Cuando el análisis no es objetivo ni real, lógicamente los remedios son falaces. Quizá estén pensando en sus pócimas –las de siempre— para poderla aplicar de nuevo donde sea y como sea.