"Feo" y "Viejo"
Con la correspondiente dosis de sensatez, agradecimiento y “propósito de enmienda” leo, releo y repaso los comentarios que mis reflexiones les suscitan a quienes les interesan estos temas y su presentación en “Religión Digital” . Me consta que otros “blogueros” no leen los suyos y “se quedan en paz y en gracia de Dios”.En legítima defensa, y con la estricta intención de proseguir el diálogo- diálogo, aunque no la trapatiesta y escandalera, me animo a suscribir las siguientes reflexiones:
. Tengo la leve sospecha de que algunos no dialogan, sino que insultan y además, con el excitante convencimiento de que lo hacen así en defensa de Dios, de la Iglesia y de sus representantes, tal vez instigados con promesas de falsas indulgencias o premios celestiales. Con lecturas por su parte muy rápidas, o tan solo viendo mi firma y mi foto, desatan su cólera, embisten y, tan campantes, prescinden hasta de la más elemental y pudorosa convicción de que a nadie, por persona y cristiano, se le pueden propinar tan despectivas reprimendas, carentes de las buenas formas higiénicas dictadas en los manuales de urbanidad y decencia, con palabras-palabros soeces que empuercan publicaciones como la que nos sirve de centro y eje de esta mesa redonda.
. A uno de mis “dialogantes” parece que se les agotaron los adjetivos descalificativos ultrajantes de su “riquísimo” vocabulario y echó mano del “inteligente” y lúcido agravio de llamar “feo” a este servidor de ustedes, como suprema razón para que yo no escriba más en la vida. Como no firma su alegato, ni adjunta su foto, me dio, y me da, pena, porque de esta manera anónima, a todos los lectores les proporcionó la seguridad de que su valor personal, y el de sus palabras, quedaban desguarnecidos de toda validez dialogal como persona. Sin pretensión alguna de defender los derechos de los “feos”, a cualquiera ha de inquietarle pensar que, a los nuevos y a los sempiternos “inquisidores”, se les puede ocurrir algún día dictar sentencias irrevocables, que publicarían algunos periódicos, de “feicidios”, después de los homicidios, “malicidios”, “brujicidios”,”homosexualicidios” – ex “mariconicidios”- e “ideolatricidios” de tiempos pretéritos.
. Por favor, procuren informarse correctamente acerca de mi “vida y milagros”. Por haber publicado yo en tiempos del Cardenal Tarancón, buen amigo como lo demuestra en su “Memorias”, una información en la revista “Sábado Gráfico”, de un hecho protagonizado por unos teólogos, “con necesidad de tener que matar al mensajero”, - tal y como procede hacer con determinadas noticias, y como se me dijo en privado-, y con disculpas, “ se vió obligado a tenerme durante 56 días “suspenso a divinis”. Pasado ese tiempo, me devolvió las retiradas licencias canónicas, haciendo pública la correspondiente rectificación, que publicaron los periódicos. Tan segura y documentada estaba mi información, que a ninguno de los afectados se les pudo ocurrir denunciarme ante los tribunales ordinarios. Por cierto que en tiempos “gloriosos del “Nacional-catolicismo”, los “rojos por la gracia de Dios”, don Gregorio Peces –Barba y don Tomás de la Cuadra Salcedo, -posteriormente uno, Presidente del Congreso de Diputados y otro, Ministro d Justicia-, intervinieron a favor mío, como abogados, en esos mismos tribunales ordinarios, con ocasión de la publicación de mis libros “Proceso a los Tribunales Eclesiásticos” y “Divorcio: mercado negro y corrupción”, en directa y denunciadora referencia a los “sagrados “ tribunales y a sus “nulidades” matrimoniales solicitadas y concedidas a favor de ciertos privilegiados.
. No me insulten llamándome “viejo”, aunque todos los curas, incluidos los pocos jóvenes que hay, somos “viejos-ancianos” por significación sacrosanta y venerable de su etimología griega “presbíteral”. Si, tal y como varios “dialogantes” lo hacen, me aplican despectivamente el calificativo de “viejo”, a mí no me ofenden. Pero, con toda seguridad, pueden ofender, y ofenden, gravemente al Papa actual –uno de los siete más longevos de la historia de la Iglesia-, que, - y eso que es Papa-, es más viejo que yo. Ofenden también a sus propios padres, lo que es indecente e impropio de los hijos, y además ofende a Dios que es eterno. Antes de comulgar, y para seguir sintiéndose miembros de la Iglesia de Cristo, -que es lo que importa por encima de todo-, han de confesarse,”con dolor de corazón, propósito de enmienda y debida reparación”, porque, si no es así, el sacramento no vale. No es ni cristiano ni humano hacer uso del término “viejo” como ofensa, y menos cuando sus destinatarios pueden ser, y son, los propios padres y el mismísimo Papa, “Santo Padre” por más señas.”Para mayor honra y gloria de Dios”, con comprensiva absolución sacramental perdonadora por mi parte, siempre y para todos, y con el compromiso de higienizar y “cristianar” las palabras”, Amén.
. Tengo la leve sospecha de que algunos no dialogan, sino que insultan y además, con el excitante convencimiento de que lo hacen así en defensa de Dios, de la Iglesia y de sus representantes, tal vez instigados con promesas de falsas indulgencias o premios celestiales. Con lecturas por su parte muy rápidas, o tan solo viendo mi firma y mi foto, desatan su cólera, embisten y, tan campantes, prescinden hasta de la más elemental y pudorosa convicción de que a nadie, por persona y cristiano, se le pueden propinar tan despectivas reprimendas, carentes de las buenas formas higiénicas dictadas en los manuales de urbanidad y decencia, con palabras-palabros soeces que empuercan publicaciones como la que nos sirve de centro y eje de esta mesa redonda.
. A uno de mis “dialogantes” parece que se les agotaron los adjetivos descalificativos ultrajantes de su “riquísimo” vocabulario y echó mano del “inteligente” y lúcido agravio de llamar “feo” a este servidor de ustedes, como suprema razón para que yo no escriba más en la vida. Como no firma su alegato, ni adjunta su foto, me dio, y me da, pena, porque de esta manera anónima, a todos los lectores les proporcionó la seguridad de que su valor personal, y el de sus palabras, quedaban desguarnecidos de toda validez dialogal como persona. Sin pretensión alguna de defender los derechos de los “feos”, a cualquiera ha de inquietarle pensar que, a los nuevos y a los sempiternos “inquisidores”, se les puede ocurrir algún día dictar sentencias irrevocables, que publicarían algunos periódicos, de “feicidios”, después de los homicidios, “malicidios”, “brujicidios”,”homosexualicidios” – ex “mariconicidios”- e “ideolatricidios” de tiempos pretéritos.
. Por favor, procuren informarse correctamente acerca de mi “vida y milagros”. Por haber publicado yo en tiempos del Cardenal Tarancón, buen amigo como lo demuestra en su “Memorias”, una información en la revista “Sábado Gráfico”, de un hecho protagonizado por unos teólogos, “con necesidad de tener que matar al mensajero”, - tal y como procede hacer con determinadas noticias, y como se me dijo en privado-, y con disculpas, “ se vió obligado a tenerme durante 56 días “suspenso a divinis”. Pasado ese tiempo, me devolvió las retiradas licencias canónicas, haciendo pública la correspondiente rectificación, que publicaron los periódicos. Tan segura y documentada estaba mi información, que a ninguno de los afectados se les pudo ocurrir denunciarme ante los tribunales ordinarios. Por cierto que en tiempos “gloriosos del “Nacional-catolicismo”, los “rojos por la gracia de Dios”, don Gregorio Peces –Barba y don Tomás de la Cuadra Salcedo, -posteriormente uno, Presidente del Congreso de Diputados y otro, Ministro d Justicia-, intervinieron a favor mío, como abogados, en esos mismos tribunales ordinarios, con ocasión de la publicación de mis libros “Proceso a los Tribunales Eclesiásticos” y “Divorcio: mercado negro y corrupción”, en directa y denunciadora referencia a los “sagrados “ tribunales y a sus “nulidades” matrimoniales solicitadas y concedidas a favor de ciertos privilegiados.
. No me insulten llamándome “viejo”, aunque todos los curas, incluidos los pocos jóvenes que hay, somos “viejos-ancianos” por significación sacrosanta y venerable de su etimología griega “presbíteral”. Si, tal y como varios “dialogantes” lo hacen, me aplican despectivamente el calificativo de “viejo”, a mí no me ofenden. Pero, con toda seguridad, pueden ofender, y ofenden, gravemente al Papa actual –uno de los siete más longevos de la historia de la Iglesia-, que, - y eso que es Papa-, es más viejo que yo. Ofenden también a sus propios padres, lo que es indecente e impropio de los hijos, y además ofende a Dios que es eterno. Antes de comulgar, y para seguir sintiéndose miembros de la Iglesia de Cristo, -que es lo que importa por encima de todo-, han de confesarse,”con dolor de corazón, propósito de enmienda y debida reparación”, porque, si no es así, el sacramento no vale. No es ni cristiano ni humano hacer uso del término “viejo” como ofensa, y menos cuando sus destinatarios pueden ser, y son, los propios padres y el mismísimo Papa, “Santo Padre” por más señas.”Para mayor honra y gloria de Dios”, con comprensiva absolución sacramental perdonadora por mi parte, siempre y para todos, y con el compromiso de higienizar y “cristianar” las palabras”, Amén.