Aseguran un inmediato capelo para Martínez. ¿Y yo qué no me lo creo? Además, no salen las cuentas.

No tengo ni idea sobre si Benedicto XVI quiere crear cardenales todos los años. Si así fuera me es igual. La medida no me parece ni buena ni mala. Los creará cuando lo estime oportuno.
¿No va a rebasar, al contrario de lo que hizo más de una vez Juan Pablo II, la cifra de 120 cardenales con voto? Me parece muy posible. La mentalidad germánica del Papa induce a pensar que cree que las normas están para ser cumplidas. Y así lo hizo el año pasado en su primera hornada de cardenales.
Ya es más discutible lo de que con el nombramiento anual dispondrá el Papa, entre jubilaciones y muertes, entre cinco y diez cardenales. En estos momentos dispone de diez vacantes, que serán once dentro de ocho días, doce el 31 de marzo y quince en mayo. Puede, por tanto, ser un consistorio numeroso. Y hasta de diecisiete nuevos cardenales si lo dejara para diciembre.
Pero es que en 2008 sólo va a disponer de tres nombramientos. Y en 2009 de cinco. Más algún fallecimiento imprevisto.
Viene ahora el caso Martínez. Con tantas vacantes como se van a producir este año pues tampoco lo tiene tan claro. España tiene hoy cinco cardenales electores. Martínez Somalo, Rouco, Herranz, Amigo y Cañizares. Cifra verdaderamente alta. Cierto que el 31 de marzo perdemos al primero de ellos. Pero todavía seguimos con una lucida representación.
Luego están una serie de diócesis de tradición cardenalicia cuyos titulares aún no tienen el capelo: París, Sâo Paulo, Bombay, Génova, Washington, Palermo, Marsella, Toronto. Acaba de aceptársele la renuncia al cardenal de Munich y quien sea nombrado en su lugar tiene asegurado el capelo. Y lo mismo cabe decir de quien suceda en Varsovia al defenestrado Wielgus. Después del enorme patinazo seguro que querrán revestir al nuevo arzobispo, todavía por nombrar, de la mayor dignidad eclesial.
Tenemos también a Lajolo, promovido a un cargo curial cardenalicio. Y a África con muy escasa representación en el Sacro Colegio y que ya en el anterior consistorio no recibió ningún capelo con voto. Tras la muerte del arzobispo de Kinshasa debe haber dos o tres cardenales africanos. ¿Madagascar, Congo, Angola, Mozambique, Costa de Marfil, Uganda...?
Este Papa, por los motivos que sean, se ha mostrado muy asiático. Y los cardenales japoneses, dos con voto, están ya más que amortizados. Como el tailandés Kitbunchu. Luego están esas reliquias del pasado: maronitas, melquitas, coptos, siromalabares, armenios... que de cuando en cuando pillan un capelo. Y son estos días muy complejos en esas regiones, donde está tan perseguida la Iglesia, no ya en la frontera del martirio sino en el martirio cierto, por lo que puede ser aconsejable revestir a alguno de sus representantes de la dignidad cardenalicia. Que siempre es un salvoconducto.
De próxima sustitución son el español Herranz, que en marzo cumple los setenta y siete años, el francés Poupard, que los cumple en agosto y el sirio Daoud, que los cumple en septiembre. Los tres con muy altos cargos curiales. Cardenalicios todos.
Pues, con todos estos candidatos, sigo pensando que Martínez lo tiene crudo.
Y, además, ¿cuáles son los méritos de Martínez? La diócesis arrasada, el seminario en entredicho y sin vocaciones, o escasísimas, el clero dividido, buena parte de los fieles indignados y los castellanohablantes marginados. Todo eso en Roma se sabe.
La última consideración es la que tiene menos consistencia. Irrita a los ultracatólicos. La palabra ultra es equívoca. Se la quiere presentar como mala per se pero eso es una perversión del lenguaje tan habitual en nuestros días. Qué bueno que alguien sea ultracaritativo, es decir, que se pase en la caridad, ultrabueno, en la bondad, o ultrahonrado, en la honradez. Ojalá fueran así todos. Otro gallo nos cantara.
¿Quienes son, o somos, los ultracatólicos? ¿Quiénes pretendemos serlo, no porque lo pretendamos sino porque se nota, más que aquellos que no lo son, o de los que dicen serlo y no se les nota en nada? Pues, qué bien.
Esos "ultracatólicos" no tienen nada contra sus obispos. Aceptan a sus obispos, les reconocen como tales. Sólo ponen de manifiesto incoherencias episcopales. Con amor dolorido. Tal vez haya "ultracatólicos" que a fuerza de recibir patadas, y con poca fe eclesial, rompan con la comunión. Algunos habrá pero son poquísimos. Yo no me siento concernido. Martínez es el arzobispo de Barcelona. Como tal le reconocemos todos. Aunque cada vez sean más los que piensen que es un mal arzobispo de Barcelona. Malo pero arzobispo.
Yo, además, viéndole siempre esa permanente sonrisa, me pregunto: ¿De que coño se reirá? Porque, tal como tiene su obispado, sería más bien para llorar.
Creo que en ésta no le va a caer el capelo. Pero, si le cayera, mi fe en la Iglesia no se iba a debilitar en lo más mínimo. El Papa nombrando cardenales no es infalible. Se puede equivocar. Y yo seguiría pensando, y hablando, de Martínez como ahora. El cardenalato no es ninguna bula que impida la opinión.