¿Puede un católico votar a Rajoy?

La verdad es que se está esforzando por ponérnoslo muy difícil. Un amigo me envió una entrevista que le hicieron al candidato del PP y era infumable. Recibo tal cantidad de correos que ahora no la encuentro. Si volviera a enviármela la comentaría. No tiene despedicio. O, mejor, católicamente es un puro desperdicio.

A mí Rajoy siempre me pareció un pésimo candidato. Con aspecto de bobón, no digo que lo sea, sólo que lo parece, cagueta, acomplejado, sin convicciones, da la impresión de que comparece en la vida política diciendo: yo soy muy malo, lo sé, pero el otro es todavía peor, así que votadme a mí.

Tras esas declaraciones, que como lleguen a mi poder comentaré más extensamente pues ahora no puedo citar de modo textual sino sólo por el recuerdo, resulta meridiano que Rajoy no es ni un candidato católico ni siquiera aceptable por los católicos.

Casi todos los males existentes subsistirán. Apenas nos libraremos de excesos verbales contra la Iglesia. Cosa por otra parte comprensible porque él no se excede nunca. Parece la exacta representación del tibio que el Señor vomitará de su boca.

Desgraciadamente con ese candidato sólo queda la tristísima opción de elegir entre quien te va a amputar los dos brazos y el que te dice que se contenta con uno. O entre el que te amenaza con matarte y el que te asegura que podrás vivir pero parapléjico en una silla de ruedas.

Esperanzas católicas no existen con ninguno de los dos candidatos. Sólo podemos tener seguridades anticatólicas. Algo más graves en uno que en otro. Pero nada más.

Si gana Rodríguez Zapatero pues a esperar cuatro años duros para la Iglesia y los católicos. Y si gana Rajoy pues cuatro años tristes.

Lo único bueno es que el que pierda se irá. Para siempre. Los socialistas no le van a perdonar a Zapatero su derrota y el PP no va a seguir manteniendo a un candidato que haya perdido ya dos elecciones. Y que dado el percal es seguro no ganaría ya ninguna otra.

Creo que es la única alegría que nos pueden dar las urnas en marzo. Que uno de los dos desaparecerá.

Y los católicos en la de siempre. Uno es imposible. El otro, repugnante. Ya la conciencia de cada uno le dictará la postura a tomar. Que como dije ayer es bien triste. O tirar el voto, o quedarse en casa o ir con la mano en la nariz y tras haberse tomado una caja de Primperán.

Si llegara a optar por la tercera opción, que en casos desesperados es posible, creo que, pese al estabilizador estomacal, al tiempo que depositase mi voto seguramente no podría contener el vomitar sobre la urna.
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