Los bobos de Coria (II)

Ha acreditado merecerlo por los hechos que a continuación se ameritan sin que proceda se ejecute la ptueba solicitada por el Bobo en cuestión de que se midan los dedos de frente del condenado, dándose por aceptado que tiene los dos que indica y quedándose sin saber cuales tendrá esta cigüeña.
No se crea usted, señor Bobo de Coria, que todo el mundo se cree que ironizo cuando digo que el cardenal Re no hace un sólo nombramiento sin consultármelo previamente. Seguramente porque hay gente que no llega a tener sus dedos de frente que damos por probados. Me he encontrado con varios ejemplares de dos tipologías que evidentemente no llegan ni con mucho al medio dedo. Unos se creen la consulta. Y otros me llaman mentiroso por afirmarla. Para que vea.
Afirma este señor, señora o mediopensionista, que a mí me es igual lo que sea. Que esta señorita de Bilbao pretende gastar una broma, llamar la atención y que se hable de un tema serio como es el del papel de la mujer en la Iglesia. Niego lo primero, lo segundo y lo tercero. Todo es impresentable.
Las bromas pueden ser más o menos graciosas o afortunadas. La mía sobre el cardenal Re será lo que sea. Pero si en vez de decir en el texto de un artículo eso pusiera una gran fotografía mía con un pie que dijara más o menos: El Vaticano no nombra un obispo sin consultárselo a Fernández de la Cigoña eso no sería una broma. Sería una estupidez. Y lo mismo cabría decir del medio informativo que se hiciera eco de ello en primera plana y con gran fotografía incluida.
Lo mismo cabe decir con lo de llamar la atención. Si el sujeto que ha sido agraciado con el reputado título de Bobo de Coria sale este mediodía a pasear en calzoncillos por la calle principal de su ciudad seguro que llamaría la atención. Pero la llamaría más todavía el periódico local o nacional que se hiciera eco de esa estupidez en primera página y con fotografía de gran tamaño.
Y lo mismo cabe decir sobre el papel de la mujer en la Iglesia que queda a los pies de los caballos con promociones así. Sin duda es una cuestión importante pero que debe debatirse en otros ámbitos, con otros argumentos y de otro modo. Si una señora o señorita, o si quieren caballero y hasta mediopensionista, para que se trate del papel de la mujer en la Iglesia, del hambre en África o de la salvación del lince ibérico se ofrece a casarse con el Papa, sale en cueros al campo de fútbol en el próximo partido del Bilbao o afirma que comerá en público cuatrocientas cucarachas pues lo que se impone es guardar un compasivo silencio.
Y al final ya desbarra lisa y llanamente. Afirma que "a lo mejor, lo que yo pienso, es que se puede discutir hasta de la resurrección de Cristo pero no de la ordenación de las mujeres". No tiene usted ni idea de lo que pienso. Es algo así como si yo dijera que a lo mejor usted piensa que los burros vuelan. ¿Se ha manifestado alguna vez así? Pues si no lo ha hecho sería verdaderamente necio por mi parte ponerme a conjeturar sobre lo que usted piensa.