Como en los tiempos del profeta Amós (Cfr. Am 8, 4-7),
existen hoy muchos explotadores. Éstos, no falsean las balanzas, no mezclan el trigo con el deshecho, no compran un pobre por un par de sandalias como dice el profeta pero hacen cosas más abominables como es trasladar a personas de país a otro prometiéndoles un trabajo y cuando están en él las meten en el negocio de la prostitución. Es esta una esclavitud más detestable que la de los antiguos esclavos.
También en la actualidad hay otras explotaciones. Cuantas veces los sin papeles les ofrecen trabajo con salarios injustos y al verse éstos apurados lo aceptan. Mujeres acosadas por su jefe, sino se brindan a sus deseos pierden el empleo. Estas y tantas situaciones de explotación como la del trabajo de los niños que nunca han conocido lo que es una escuela.
Pero, ¡ay de los explotadores! El Señor dice: “Nunca olvidaré lo que han hecho. Lloraréis como quien ha perdido su único hijo. Todo acabará en amargura”.Y el dinero que se han amasado injustamente no se lo llevarán a la tumba. ¿No hubiera sido mejor para estos explotadores ser misericordiosos con aquellos que están en necesidad?
Texto: Hna. María Nuria Gaza.