Camino de Emaús

Emaús
La narración de los discípulos de Emaús que regresan decepcionados, puede bien ser lo que nos ocurre con frecuencia. Esperábamos algo excepcional y todo parece perdido, un fracaso total. ¿Qué hacer? Regresar a nuestra rutina, sin esperanza, sin ilusión.

La vida puede darnos duros golpes, pero, ¿sabemos dar la vuelta al calcetín? ¿Sabemos sacar algo positivo de lo negativo, sabemos esperar contra todo esperanza? Pensemos que Dios está a nuestro lado en los momentos adversos para sostenernos.

Los discípulos de Emaús iban cabizbajos, se habían ido por el suelo sus expectativas de un futuro libertador de Israel. Ahí radicaba su error. Ellos habían puesto en Jesús una falsa esperanza y no sabían ver un más allá. Necesitaron un camino y un Caminante que se les juntara a su paso para hacerles comprender cuan equivocados estaban en sus hipotéticas expectativas. Al escuchar al extraño caminante sus ánimos se levantaron. Le suplicaron que se quedara con ellos para la cena y lo reconocieron al partir el pan. La hospitalidad con el desconocido caminante les sirvió de mucho. Ellos le ofrecieron una cena y él les fortaleció su fe. Muchas veces necesitamos de un gesto de hospitalidad, de generosidad con un desconocido para que se nos abran los ojos y sepamos ver en lo que teníamos por una desgracia, una gracia. Texto: Hna. María Nuria Gaza.
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