Día nuevo

Sin embargo sabemos que empezar el día conlleva una serie de interrogantes, porque aun siendo “dueños” de nuestra jornada sabemos por experiencia de su fragilidad. Aunque en nuestro “saber” tengamos ya dibujado cuanto vamos a vivir, todo lo que nuestra agenda nos recuerda, la experiencia nos dice que en realidad desconocemos la totalidad de cuanto este día nuevo nos esconde, no llegamos a saber ni imaginar qué es aquello que el Señor nos tiene preparado y que nos irá llegando a medida que avancen las horas del día ahora tan nuevo.
Cada día iniciado, desde la fe y la esperanza, se presenta como una invitación a descubrir en todo cuanto vamos a vivir un don de Dios, si intentamos amar a las personas y al mundo que nos rodea, sin buscarnos a nosotros mismos, el día será hermoso y sin lugar a dudas lleno de momentos felices.
Si por el contrario nos quedamos encerrados en nuestros pensamientos sin querer ver ni mirar más lejos de nuestro “yo”, todo girará de una forma egoísta sobre nosotros mismos, limitados y pobres.
Por eso es bueno intentar desde la mañana levantar nuestros ojos a Dios y sin resistirnos procurar hacer el bien a quienes esperan de nosotros una palabra amable, una ayuda, una mano abierta, un sentirse respetado comprendido y querido por alguien que se sabe también ser amado por Dios. Texto: Hna. Carmen Solé.