“Yo llamo a la puerta”.Señor, ¿quieres entrar en mi casa? Si te parece bien, si quieres puedes quedarte la llave y podrás entrar y salir libremente. Cuando vengas, te recibiré con alborozo, cuando decidas irte, esperaré tu regreso sin turbarme. Sé que todo es para mi bien aunque me cueste, aunque no lo entienda.
Te agradezco cuando vienes y pones la mesa para que comamos juntos el ágape de la amistad. “Tú preparas ante mí una mesa”, canta el salmista (Salmo 22). “Me sacias con manjares suculentos” (Salmo 61).
Y cuando vengas por última vez a mi casa para llevarme a la tuya, haz que esté preparado para responder sin tardanza:
“Estoy aquí Señor”.Texto: Hna. María Nuria Gaza.