Una guerra que no firma ningún tratado de paz y que deja un país sumido en un auténtico desbarajuste.
Las tan cacareadas
“armas de destrucción masiva”, nunca encontradas, sirvieron para dejar destruido, empobrecido e inseguro todo un pueblo. ¿Quién va a poner ahora orden, los que provocaron el desorden? Éstos se van sin pena ni gloria y con un tributo de 4.500 soldados que perdieron la vida y con el agravante de que muchos de los soldados que regresaron se han suicidado, no resistieron el horror, las angustias y las privaciones de la guerra. Y en Iraq, ¿cuántos muertos?
Por otra parte su honor no ha quedado muy alto por el trato dado a los prisioneros iraquíes. Así que
los soldados regresan sin agasajos excepto el de sus familiares que ven el fin a su mal sueño.
Un alto mando de los Estados Unidos dice que
el precio ha sido muy alto para su nación. ¿Y para el pueblo de Iraq, se lo han preguntado alguna vez?
Esto de “alumbrar un país independiente, libre y soberano” suena a burla para este pueblo de la antigua Mesopotamia.
Cuanta razón tenía Pío XII cuando dijo que todo se pierde con la guerra y todo se gana con la paz. Texto: Hna. María Nuria Gaza.