Sabemos que del iceberg sólo vemos una pequeña parte por encima del agua del mar, la gran masa no puede ser captada desde los puntos de vista que poseemos en la vida normal. Sólo los especialistas pueden captar la forma y la masa de esa gran montaña flotante.
Esta imagen me ha llevado muchas veces a pensar
en cuantos acontecimientos sociales o familiares se nos quedan escondidos y sólo podemos captar como del iceberg una pequeña parte visible.
Festejamos la consecución de unas oposiciones, por ejemplo y olvidamos las horas de estudio y los nervios pasados, celebramos el éxito de un espectáculo y
olvidamos las horas de ensayo o de entreno. Nadie quiere recodar las renuncias vividas, ni la atención exigida para lograr esa meta. Sin embargo sabemos por experiencia que no se puede lograr el fin si no dedicamos todo el tiempo y el esfuerzo necesario para alcanzarlo.
Por eso el valor no es la meta conseguida, sino el camino recorrido hasta lograrla. Es una gracia de Dios acordarnos del camino que ha sido preciso recorrer para alcanzar la meta y saber dar gracias por cuantos nos han apoyado, nos han consolado y han colaborado para que se convierta en éxito sea una realidad tan trabajada.
Texto: Hna. Carmen Solé.