Pablo, el agradecido

En la carta a Tito, San Pablo cuenta como da gracias a Cristo porque se fió de él y le confió el ministerio de anunciar la gracia, la misericordia y la paz de Dios Padre y de Cristo Jesús.

Él que era un blasfemo, un perseguidor y un violento, Dios le tuvo compasión. Sí,ciertamente él era un perseguidor de esta nueva religión que atacaba el judaísmo pero cuando tuvo una revelación y oyó las palabras: “¿Pablo por qué me persigues?”, todo el odio concentrado contra Jesús, se convirtió en un ardor ferviente hacia este Jesús que perseguía. El hombre violento se convirtió en un humilde servidor de Cristo, el arrogante pasó a ser el que supo reconocer su error y exclama: “Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, y yo soy el primero. Y por eso se compadeció de mi”. Ahí se encierra su bajada del caballo interior.

Una de las cosas que más admiro de este coloso apóstol es que no escatimó esfuerzo alguno para anunciar a Cristo Jesús, por lo que fuera de Él todo lo considera escoria y por tanto es mucho lo que le tocó sufrir, en mar, caminos, frío, hambre, persecuciones, contrariedades de parte de los judíos y de los propios hermanos lo consideraba una nada frente al amor de Jesús y cuando repasa su vida, su primer movimiento es de gratitud. Se da por bien pagado si ha podido dar a conocer al que se convirtió en su “leitmotiv”.

El dicho dice que “ser agradecido es de buen nacido”. Con este apóstol tenemos un buen ejemplo. Ojalá también nosotros sepamos agradecer todo lo que recibimos de las manos de Dios y sepamos comunicarlo a los demás y dar a conocer al que nos rescató del poder de las tinieblas. Texto: Hna. María Nuria Gaza.
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