La santidad es como un perfume que al derramarse no hace ruido pero deja impregnada toda la casa, como ocurrió cuando María de Betania, derramó sobre los pies de Jesús un perfume de nardo muy preciado. Algo parecido ocurre con la santidad, huele bien cuando uno se acerca a un santo nota un algo especial.
Se puede también comparar la santidad con
una llama que se propaga y cada vez alumbra más el lugar donde se ha colocado y transmite calor a su alrededor. Dios es como una llama de fuego que se nos comunica y al hacerlo no deja de brillar, sino que al comunicarnos la santidad, porque él es el único Santo, nosotros también brillamos y podemos comunicar esta llama a los que nos rodean y cuando más la compartimos más brilla y más luminosa se hace todo lo que nos rodea.
Pero la santidad no es como una flor del campo que brota espontáneamente. Es una lucha, una conquista. Todos los bautizados, sabemos por experiencia que
la santidad requiere una batalla diaria para lograrla, y que sin la ayuda del Espíritu Santo no la conseguiremos el Espíritu es el artífice de la santidad. Jesús ya dijo:
“Sin mi no podéis hacer nada”. ¿Sabéis cómo se llama el perfume de la santidad? Amor.Texto: Hna. María Nuria Gaza.