Vivir contentos

Nos cruzamos cada día con personas de condiciones y de razas diversas, cada uno con su propio sentido de la vida, con sus desilusiones y con sus esperanzas, con sus sueños y sus desencantos. Cada persona vivimos en unas determinaciones concretas, familiares, físicas o económicas, espirituales, religiosas o morales, cada uno tenemos nuestra propia escala de valores a la que intentamos ajustar nuestra vida, nuestro hacer y nuestro obrar.
Hay personas a quienes parece que todo les va siempre bien, sus vidas, sus rostros reflejan casi siempre optimismo o alegría y transmiten paz y serenidad, otros en cambio parece que siempre les vaya todo por el camino de lo negativo, y reflejan angustia y tristeza. Los primeros encuentran en lo más profundo de su corazón la fuente de la esperanza que les mantiene vivos, descubriendo aun en aquello que puede parecer negativo la mano amorosa de Dios que les sostiene.
Los que lo ven o lo viven todo como negativo no logran superar ni los contratiempos a veces intrascendentes, se ahogan en las dificultades y parece que los demás tengan la culpa de cuanto les toca vivir y sin saber mirar más lejos de ellos mismos se ahogan en depresiones más o menos profundas.
No logramos saber donde se halla la razón de estos dos modos de entender la vida. Es cierto que ante cuanto nos depara la vida, el hecho de vivir contentos puede parecer a primera vista propio de los sin consciencia, en realidad sólo aquellos que han aprendido a darle a las cosas y a los acontecimientos su justa importancia saben vivir contentos, no permiten que se ahogue su corazón en las adversidades, en los acontecimientos negativos, y su corazón y su alma se centran en todo lo que cada día nos trae de bueno y de justo.
Aquellos que intentan vivir sabiendo que tienen puesta su confianza en el Señor, su Dios, son los que viven serenos, confiados, contentos. Estas personas son las que saben trasmitir a los demás con sus palabras, con sus gestos y sus obras la serenidad, la paz y la alegría que todos anhelamos. Texto: Hna. Carmen Solé.