A muchos nos ocurre ante un fragmento evangélico leído muchísimas veces, que de repente una palabra o una expresión se destacan del resto y
aquello que hemos meditado más de una vez toma un sentido nuevo y una fuerza distinta.
Eso me ocurrió hace unos días con una breve palabra del fragmento de San Lucas que conocemos como la “pesca milagrosa”. Dice el evangelista que Jesús después de haber estado con la gente pide a los discípulos que remen mar a dentro y luego les dice que
“vuelvan” a calar las redes aunque hayan trabajado en vano toda la noche.
Y esa palabra
“volver” ha llenado mi oración más de un día. Jesús nos pide, me pide que “vuelva”, que repita aquel gesto, aquel trabajo,
que no me canse de volver otra vez a lo mismo, aunque cada día tenga sus tintes diferentes. Pero cada repetición tendrá un sentido nuevo, un valor distinto. Hasta que de verdad sea la repetición no hecha con desgana ni mecánicamente, sino
fiada en el Señor Jesús que me dice una y otra vez “vuelve”, echa de nuevo las redes, vuelve a remar mar a dentro, porque más allá de tu cansancio estoy yo y puedo llenar la barca hasta casi hundirse como les pasó a los apóstoles.
Texto: Hna. Carmen Solé.