La bondad

Bondad
Seguramente a lo largo de la vida el Señor nos ha hecho conocer personas que sólo podemos definir con una palabra: “buenas”. Y descubrimos esta bondad con sólo mirarles y descubrir cómo actúan, cómo se mueven.

La bondad es un don que Dios pone en el corazón de todos los hombres, pero algunos saben hacer germinar esta semilla y con su fidelidad al don recibido esta bondad se convierte, como el grano de mostaza en un árbol frondoso que acoge a cuantos se acercan a él y saben ofrecerles como un oasis de serenidad y de gozo.

El corazón de cada persona buena vibra por el deseo de hacer el bien, de ayudar a los demás, de colaborar en todo aquello que pueden para que quienes viven cerca de ellos se sientan mejor. Son personas humildes y generosas movidas en toda ocasión por el deseo de construir para los demás un mundo, una vida, mejor.

Ser una persona buena es vivir sin sombra de egoísmo, sin permitir que la tristeza o el resentimiento o el mal humor aniden en el corazón. Es saber mirar más allá del pequeño mundo que nos envuelve para ir más lejos de las reacciones espontáneas y captar cuánto hay de positivo en todo, sin negar el sufrimiento y el dolor que también experimentan.

Las personas que son buenas, las que tienen este corazón generoso, son un punto de admiración en medio de nuestro mundo. Ser una persona buena, recta, honrada, es ser para quienes están cerca como un oasis de serenidad que ayuda a gozar de todo cuanto Dios nos ofrece cada día. Texto: Hna. Carmen Solé.
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