Un cántico nuevo

Sin embargo muy a menudo nuestro día comienza no como algo nuevo, sino como pura continuación del ayer: volvemos a la misma rutina y a la repetición a veces mecánica de gestos y ritos, pocas cosas son nuevas en el inicio de la jornada, más parece que hoy será en todo semejante al día de ayer y volveremos a encontrarnos con los mismos problemas y parecidos lugares. Y es que todo aquello que ayer no conseguimos poner en manos de Dios, hoy lo retomamos de nuevo y vuelve con la intensidad de lo que parece no acabar, o de lo que no hemos sabido acabar bien.
Cantar al Señor un cántico nuevo es sólo posible si reconocemos que nuestro vivir de ayer quedó en manos del Padre, si fiados en su misericordia supimos ofrecerle al fin de nuestra jornada todo aquello realizado y vivido, con sus aciertos y sus fallos, las ocasiones aprovechadas y las perdidas si humildemente supimos reconocer además de los fallos, los aciertos.
Solamente aquellos que como han hecho los santos tienen puesta en el Señor su confianza y hallan en Él su seguridad, son capaces de cantar un cántico nuevo, el cántico que es expresión de alabanza serena y de confianza plena. Texto: Hna. Carmen Solé.